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Empate sin goles en Carranza. El Cádiz lo intentó y si el fútbol se decidiera a puntos, como se hace en el boxeo, los amarillos se habrían llevado el triunfo. Pero esto es otro deporte y lo que cuentan son los goles. Por desgracia, eso fue lo que le faltó al equipo de Espárrago. Hubo muchas ocasiones, especialmente en el último tramo de cada mitad, pero fue imposible terminar con el balón en las redes del conjunto gijonés. Al menos se suma un punto, y habrá que esperar a mañana para saber en que posición conluye el Cádiz esta jornada. La liga está tan igualada, que igual se mantiene el liderato, que se sale de los puestos de ascenso.
Comenzaba de forma muy animada el encuentro. Ambos equipos querían empezar de la mejor forma posible, marcando y condicionando así el choque, y la verdad es que las dos escuadras tuvieron ocasiones muy buenas de haberlo hecho en los primeros compases. El primero en asustar fue el Cádiz, en el minuto cinco, en el que un centro medido de Manolo Pérez fue rematado en semifallo con Sesma, y que se fue acariciando la cepa del poste del guardameta Roberto. A reglón seguido, jugada personal de Samuel que se interna en el área y manda un obús al que responde Armando con un paradón, evitando así que se colara el cuelo ajustado a la base del palo.
Diez primeros minutos de muy buen fútbol, con el balón yendo de portería a portería, dejaron paso a una fase más aburrida, en el que abundó más el juego en la zona ancha del campo. La batalla se libraba en la medular, y al estar ésta muy equilibrada, ningún conjunto gozaba de profundidad alguna. Los delanteros apenas recibían balones, y seguramente que los espectadores no se lo pasaron muy bien. Hubo un susto importante en el minuto 25, en un centro al área cadista en el que De Quintana y Varela no supieron coordinarse, y por poco no terminan introduciendo el cuero en su propia portería.
Se rebasaba por poco la media hora de juego cuando Sesma despertó de su letargo a su equipo, con un remate que nuevamente salió desviado por pocos centímetros. Fue el punto de partida para los mejores instantes de juego de los pupilos de Espárrago, que con mucho toque y manteniendo siempre la posesión del esférico (Manolo Pérez y Pavoni se “calentaron”, y eso son ya palabras mayores), embotellaron en su área al rival, que tuvo que sudar de lo lindo y multiplicarse en defensa para parar los continuos ataques.
Fueron varias las ocasiones de que dispusieron los amarillos, ya fueran en jugada o en la temida estrategia cadista. Pero unas veces por la falta de puntería de los delanteros locales, otras por el acierto de portero y/o defensas asturianos, este dominio en el juego no pudo reflejarse en el marcador, aunque los futbolistas del Cádiz dejaban muy buenas sensaciones para el segundo tiempo.
Intentaba Marcelino emular la hazaña realizada ante el Racing de Ferrol seis días antes, dando entrada a Biagini en el descanso, que ocupó el lugar de Arthuro, poco activo en el primer tiempo. Seguramente no tendría mucho que ver, pero la presión con la que el Cádiz había despedido la primera mitad, para dejar paso a un periodo de mayor presencia del once sportinguista, que jugó más cómodo y disfrutó de mayor libertad.
Aunque los amarillos no le perdían la cara al encuentro, y trataban también de hacerse con el balón para obtener el esperado tanto que desnivelara el marcador. Con el cambio de perfil de Varela, volcaba más el juego el conjunto local a la derecha, donde Enrique y Velázquez protagonizaban la mayoría de incursiones en el campo del rival.
Los minutos pasaban pero los locales no encontraban el camino al gol. Ante el atasco intentó Espárrago buscar la solución en el banquillo, dando entrada a Fredi y Mirosalvjevic, y sentando a Oli y Enrique. Empezaban ya a fallar las fuerzas, por lo que las defensas eran menos certeras, y los atacantes de ambos equipos encontraban más huecos. Conforme se acercaba el final del choque, asediaba más el Cádiz a Roberto, decididos ya los cadistas a ir a por la victoria. Como ocurriera en el último cuarto de hora del primer tiempo, el dominio amarillo era total, y las llegadas se repetían, aunque nunca encontrando el esperado premio. También se reproducían los lanzamientos a balón parado, pero tampoco llegaba el 1-0 a través de la estrategia.
Fue precisamente desde la estrategia donde llegó la ocasión más clara de todo el encuentro, al borde ya del minuto 90. Falta que bota, como no, Manolo Pérez y Paz, completamente solo en el área chica, remata arriba cuando ya todo Carranza cantaba el gol. Parecía increíble que se hubiera ido arriba. También Sesma tuvo el tanto, a centro de Pavoni, pero parecía escrito que hoy no se iba a mover el marcador.
Comenzaba de forma muy animada el encuentro. Ambos equipos querían empezar de la mejor forma posible, marcando y condicionando así el choque, y la verdad es que las dos escuadras tuvieron ocasiones muy buenas de haberlo hecho en los primeros compases. El primero en asustar fue el Cádiz, en el minuto cinco, en el que un centro medido de Manolo Pérez fue rematado en semifallo con Sesma, y que se fue acariciando la cepa del poste del guardameta Roberto. A reglón seguido, jugada personal de Samuel que se interna en el área y manda un obús al que responde Armando con un paradón, evitando así que se colara el cuelo ajustado a la base del palo.
Diez primeros minutos de muy buen fútbol, con el balón yendo de portería a portería, dejaron paso a una fase más aburrida, en el que abundó más el juego en la zona ancha del campo. La batalla se libraba en la medular, y al estar ésta muy equilibrada, ningún conjunto gozaba de profundidad alguna. Los delanteros apenas recibían balones, y seguramente que los espectadores no se lo pasaron muy bien. Hubo un susto importante en el minuto 25, en un centro al área cadista en el que De Quintana y Varela no supieron coordinarse, y por poco no terminan introduciendo el cuero en su propia portería.
Se rebasaba por poco la media hora de juego cuando Sesma despertó de su letargo a su equipo, con un remate que nuevamente salió desviado por pocos centímetros. Fue el punto de partida para los mejores instantes de juego de los pupilos de Espárrago, que con mucho toque y manteniendo siempre la posesión del esférico (Manolo Pérez y Pavoni se “calentaron”, y eso son ya palabras mayores), embotellaron en su área al rival, que tuvo que sudar de lo lindo y multiplicarse en defensa para parar los continuos ataques.
Fueron varias las ocasiones de que dispusieron los amarillos, ya fueran en jugada o en la temida estrategia cadista. Pero unas veces por la falta de puntería de los delanteros locales, otras por el acierto de portero y/o defensas asturianos, este dominio en el juego no pudo reflejarse en el marcador, aunque los futbolistas del Cádiz dejaban muy buenas sensaciones para el segundo tiempo.
Intentaba Marcelino emular la hazaña realizada ante el Racing de Ferrol seis días antes, dando entrada a Biagini en el descanso, que ocupó el lugar de Arthuro, poco activo en el primer tiempo. Seguramente no tendría mucho que ver, pero la presión con la que el Cádiz había despedido la primera mitad, para dejar paso a un periodo de mayor presencia del once sportinguista, que jugó más cómodo y disfrutó de mayor libertad.
Aunque los amarillos no le perdían la cara al encuentro, y trataban también de hacerse con el balón para obtener el esperado tanto que desnivelara el marcador. Con el cambio de perfil de Varela, volcaba más el juego el conjunto local a la derecha, donde Enrique y Velázquez protagonizaban la mayoría de incursiones en el campo del rival.
Los minutos pasaban pero los locales no encontraban el camino al gol. Ante el atasco intentó Espárrago buscar la solución en el banquillo, dando entrada a Fredi y Mirosalvjevic, y sentando a Oli y Enrique. Empezaban ya a fallar las fuerzas, por lo que las defensas eran menos certeras, y los atacantes de ambos equipos encontraban más huecos. Conforme se acercaba el final del choque, asediaba más el Cádiz a Roberto, decididos ya los cadistas a ir a por la victoria. Como ocurriera en el último cuarto de hora del primer tiempo, el dominio amarillo era total, y las llegadas se repetían, aunque nunca encontrando el esperado premio. También se reproducían los lanzamientos a balón parado, pero tampoco llegaba el 1-0 a través de la estrategia.
Fue precisamente desde la estrategia donde llegó la ocasión más clara de todo el encuentro, al borde ya del minuto 90. Falta que bota, como no, Manolo Pérez y Paz, completamente solo en el área chica, remata arriba cuando ya todo Carranza cantaba el gol. Parecía increíble que se hubiera ido arriba. También Sesma tuvo el tanto, a centro de Pavoni, pero parecía escrito que hoy no se iba a mover el marcador.