Aún no hay reacciones. ¡Sé el primero!
Espárrago demostró ser un zorro de los banquillos, en el día de ayer pareció que iba a jugar Pavoni y que Iván Ania desplazaría a Sesma al banquillo, pero en realidad el asturiano jugó por el argentino, con el que el técnico no quiso arriesgar. Donde no hubo sorpresas de última hora fue en la zaga, donde De la Cuesta se situó en el lugar donde habitualmente lo hace Paz.
Los primeros compases no daban pié a pensar que ocurriría lo que pasó poco después. El Cádiz se movía sobre el impresionante coliseo bético (su afición se volcaba tanto con su equipo como hacemos nosotros en Carranza) sin ningún complejo, pero cuando los amarillos quisieron darse cuenta, Edú, tras una bonita jugada entrelaza de los locales se la ponía a Assunsao que fulminaba a Armando. Toda la semana preocupados por la puntería del brasileño en el golpe franco, y al final marcó en jugada.
El cuadro de Espárrago intentó no venirse abajo pero la verdad es que los locales se habrían puesto muy nerviosos si hubieran pasado los minutos sin que el marcador se moviera, estaban como pez en el agua y dominaban por completo la posesión. El Cádiz tenía que correr tras un cuero que circulaba con más fluidez de la deseada.
Ya que el Cádiz no encontraba el camino del empate por medio de la triangulación y tuvo que buscarlo a balón parado. Iván Ania lo tuvo en sus botas en una falta directa que muchos amarillos cantaron como gol, pero en realidad el esférico impactó las redes por fuera.
Hubo que esperar al minuto 35 para que los visitantes tuvieran, de nuevo, posibilidades de igualar el duelo. Sesma dispuso de un buen centro de rosca pero su intento de engañar a Doblas resultó infructuoso pero, al menos, significaba un aviso de que el Cádiz estaba vivo ya que hasta entonces el guardameta apenas había tenido que manchar el uniforme. Con el paso de los minutos el Betis fue dejando espacios y la paciencia de los gaditanos empezaba a recoger sus frutos, los extremos empezaba a encontrar carriles para ganar la espalda a los centrales, primer paso para poder marcar. Pero la referencia arriba no terminaba de estar clara y el último paso nunca comenzaba.
Aunque tímida y lenta poco a poco se veía la reacción de un Cádiz que hasta la media hora no había inquietado, en los más mínimo, a un Betis que daba muestras de poder dejar resquicios si se presionaba con eficacia.
El descanso no varió mucho el ritmo del choque, los amarillos como si de fútbol americano se tratase iban ganando en cada jugada unos pocos centímetros a un Betis mucho más cauto que ya sólo estaba dispuesto a arriesgar en rápidas contras, donde Joaquín y Edú aprovecharon su punta de velocidad.
Por tercer partido consecutivo el Cádiz jugaría durante muchos minutos en superioridad numérica, Enrique en una de sus escapadas obligó a Rivera a hacerle una falta de clara amarilla que era la segunda. Había que ver si a la tercera iba la vencida, ocasiones hubo para ellos nada más producirse la expulsión. En primer lugar Iván Ania ejecutó de nuevo la falta con maestría pero el balón salió besando el palo.
Más alto fue el “uy” de los cadistas, a renglón seguido, en una cesión equivocada de Arzu que dejó a Estoyanoff sólo ante Doblas. Era el primer balón que tocaba el uruguayo que dio tiempo a Juanito a que le robara la cartera cuando los aficionados amarillos celebraban ya el empate.
El Cádiz seguía perdonando lo imperdonable, un par de minutos después Enrique robaba otro balón a la defensa bética y centró a Sesma, que sólo en el punto de penalti no supo cabecear, dejando el balón manso a Doblas. El Betis clamaba por una campana para la que aún quedaba media hora, pero los amarillos no encontraban la forma de noquear al rival. No había nada que perder, así que Espárrago quemó sus últimas naves dando entrada de una vez a Manolo Pérez y a Pavoni.
La presión del Cádiz dio por fin sus frutos en el minuto 71, Estoyanoff con un toque de crak robaba un balón en la línea de fondo y corrió hacia el área como un obús. Ya tenía a Doblas regateado pero éste le hizo un claro penalti, que Manolo Pérez convirtió y celebró con rabia. Parecía mentira, pero por fin el marcador hacía justicia a los méritos del Cádiz.
El resultado no era bueno para ninguno y el partido se convirtió en un corre calles, con galopadas en ambos sentidos que casi siempre llevaban peligro. El Cádiz veía cada vez más huecos en los que Pavoni estaba siempre, pero el argentino no encontraba la forma de flanquear al último zaguero. Se sucedieron varios remates de Estoyanoff y del propio Pavoni, pero la pólvora seguía mojada y no había forma de hacerla prender.
El triunfo no era una quimera pero los cadistas no querían que les ocurriera lo mismo que contra el Mallorca y el Valencia, por lo que no se iban arriba con todo, sino que prefería ir paso a paso. El Betis tenía jugadores de calidad que a la contra podía destrozar el trabajo de 90 minutos. Al final un punto que rompe la mala trayectoria de los últimos encuentros, pero que necesita ser refrendado en casa para que resulte bueno.
Los primeros compases no daban pié a pensar que ocurriría lo que pasó poco después. El Cádiz se movía sobre el impresionante coliseo bético (su afición se volcaba tanto con su equipo como hacemos nosotros en Carranza) sin ningún complejo, pero cuando los amarillos quisieron darse cuenta, Edú, tras una bonita jugada entrelaza de los locales se la ponía a Assunsao que fulminaba a Armando. Toda la semana preocupados por la puntería del brasileño en el golpe franco, y al final marcó en jugada.
El cuadro de Espárrago intentó no venirse abajo pero la verdad es que los locales se habrían puesto muy nerviosos si hubieran pasado los minutos sin que el marcador se moviera, estaban como pez en el agua y dominaban por completo la posesión. El Cádiz tenía que correr tras un cuero que circulaba con más fluidez de la deseada.
Ya que el Cádiz no encontraba el camino del empate por medio de la triangulación y tuvo que buscarlo a balón parado. Iván Ania lo tuvo en sus botas en una falta directa que muchos amarillos cantaron como gol, pero en realidad el esférico impactó las redes por fuera.
Hubo que esperar al minuto 35 para que los visitantes tuvieran, de nuevo, posibilidades de igualar el duelo. Sesma dispuso de un buen centro de rosca pero su intento de engañar a Doblas resultó infructuoso pero, al menos, significaba un aviso de que el Cádiz estaba vivo ya que hasta entonces el guardameta apenas había tenido que manchar el uniforme. Con el paso de los minutos el Betis fue dejando espacios y la paciencia de los gaditanos empezaba a recoger sus frutos, los extremos empezaba a encontrar carriles para ganar la espalda a los centrales, primer paso para poder marcar. Pero la referencia arriba no terminaba de estar clara y el último paso nunca comenzaba.
Aunque tímida y lenta poco a poco se veía la reacción de un Cádiz que hasta la media hora no había inquietado, en los más mínimo, a un Betis que daba muestras de poder dejar resquicios si se presionaba con eficacia.
El descanso no varió mucho el ritmo del choque, los amarillos como si de fútbol americano se tratase iban ganando en cada jugada unos pocos centímetros a un Betis mucho más cauto que ya sólo estaba dispuesto a arriesgar en rápidas contras, donde Joaquín y Edú aprovecharon su punta de velocidad.
Por tercer partido consecutivo el Cádiz jugaría durante muchos minutos en superioridad numérica, Enrique en una de sus escapadas obligó a Rivera a hacerle una falta de clara amarilla que era la segunda. Había que ver si a la tercera iba la vencida, ocasiones hubo para ellos nada más producirse la expulsión. En primer lugar Iván Ania ejecutó de nuevo la falta con maestría pero el balón salió besando el palo.
Más alto fue el “uy” de los cadistas, a renglón seguido, en una cesión equivocada de Arzu que dejó a Estoyanoff sólo ante Doblas. Era el primer balón que tocaba el uruguayo que dio tiempo a Juanito a que le robara la cartera cuando los aficionados amarillos celebraban ya el empate.
El Cádiz seguía perdonando lo imperdonable, un par de minutos después Enrique robaba otro balón a la defensa bética y centró a Sesma, que sólo en el punto de penalti no supo cabecear, dejando el balón manso a Doblas. El Betis clamaba por una campana para la que aún quedaba media hora, pero los amarillos no encontraban la forma de noquear al rival. No había nada que perder, así que Espárrago quemó sus últimas naves dando entrada de una vez a Manolo Pérez y a Pavoni.
La presión del Cádiz dio por fin sus frutos en el minuto 71, Estoyanoff con un toque de crak robaba un balón en la línea de fondo y corrió hacia el área como un obús. Ya tenía a Doblas regateado pero éste le hizo un claro penalti, que Manolo Pérez convirtió y celebró con rabia. Parecía mentira, pero por fin el marcador hacía justicia a los méritos del Cádiz.
El resultado no era bueno para ninguno y el partido se convirtió en un corre calles, con galopadas en ambos sentidos que casi siempre llevaban peligro. El Cádiz veía cada vez más huecos en los que Pavoni estaba siempre, pero el argentino no encontraba la forma de flanquear al último zaguero. Se sucedieron varios remates de Estoyanoff y del propio Pavoni, pero la pólvora seguía mojada y no había forma de hacerla prender.
El triunfo no era una quimera pero los cadistas no querían que les ocurriera lo mismo que contra el Mallorca y el Valencia, por lo que no se iban arriba con todo, sino que prefería ir paso a paso. El Betis tenía jugadores de calidad que a la contra podía destrozar el trabajo de 90 minutos. Al final un punto que rompe la mala trayectoria de los últimos encuentros, pero que necesita ser refrendado en casa para que resulte bueno.