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¿Enemigo de la rueda?
Domingo 30 de octubre, 16:35 horas, la frase más dicha en Cádiz es la siguiente:
¿Estará borracho este de la radio?. ¿Se habrá quivocado?. Pues no, era la pura verdad, Víctor Espárrago había introducido en el once titular cinco novedades.
A ver, que alguien me diga que no se sorprendió que no me lo creo. Ya me extrañaba a mi ver en el entrenamiento del sábado en El Rosal que el técnico uruguayo no ensayaba con un once antes de dar la lista de convocados. Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Ingenuos los que decíamos que Espárrago era enemigo de las rotaciones y de los cambios, otra vez nos la ha vuelto a dar con queso. Ninguno fuimos capaz de acertar la quiniela del titular.
Las cosas como son, introdujo cinco cambios pero no se notaron, sobre todo en una primera parte que fue para enmarcar en Mendizorroza. Los compañeros de los medios de Vitoria habían afirmado desde el inicio de temporada que lo del Alavés en su feudo era pura mala suerte porque la imagen que daba era excepcional. Esa historia también cambió. En los primeros 45 minutos el Cádiz fue capaz de triangular como el que más, tener mayor posesión del esférico, desbordar por las bandas y agobiar al rival llevándolo a la desesperación. Vale, tampoco es que creara muchas ocasiones claras de gol, pero el tener maniatado a un equipo como el Alavés ya es todo un mérito.
Lo de la segunda parte era lo lógico. En su casa, sin haber conseguido aún una victoria ante su afición y con la obligación de agradar, era complicado que los cadistas continuaran llevando la batuta del partido. Se aguantó como héroes y Superarmandoman volvió a hacer de las suyas mostrando sus dotes de héroe local. Pregonero en su tierra, pero vestido con la camiseta del rival. ¿Qué más podemos pedirle a este Cádiz?. Tras la victoria al Athlétic de Bilbao estaba a seis puntos del descenso, tras dos jornadas consecutivas disputadas fuera del Carranza esa diferencia tan sólo se ha reducido en un punto. Cuatro puntos de nueve posibles.
Yo estoy más que satisfecho.
Domingo 30 de octubre, 16:35 horas, la frase más dicha en Cádiz es la siguiente:
¿Estará borracho este de la radio?. ¿Se habrá quivocado?. Pues no, era la pura verdad, Víctor Espárrago había introducido en el once titular cinco novedades.
A ver, que alguien me diga que no se sorprendió que no me lo creo. Ya me extrañaba a mi ver en el entrenamiento del sábado en El Rosal que el técnico uruguayo no ensayaba con un once antes de dar la lista de convocados. Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Ingenuos los que decíamos que Espárrago era enemigo de las rotaciones y de los cambios, otra vez nos la ha vuelto a dar con queso. Ninguno fuimos capaz de acertar la quiniela del titular.
Las cosas como son, introdujo cinco cambios pero no se notaron, sobre todo en una primera parte que fue para enmarcar en Mendizorroza. Los compañeros de los medios de Vitoria habían afirmado desde el inicio de temporada que lo del Alavés en su feudo era pura mala suerte porque la imagen que daba era excepcional. Esa historia también cambió. En los primeros 45 minutos el Cádiz fue capaz de triangular como el que más, tener mayor posesión del esférico, desbordar por las bandas y agobiar al rival llevándolo a la desesperación. Vale, tampoco es que creara muchas ocasiones claras de gol, pero el tener maniatado a un equipo como el Alavés ya es todo un mérito.
Lo de la segunda parte era lo lógico. En su casa, sin haber conseguido aún una victoria ante su afición y con la obligación de agradar, era complicado que los cadistas continuaran llevando la batuta del partido. Se aguantó como héroes y Superarmandoman volvió a hacer de las suyas mostrando sus dotes de héroe local. Pregonero en su tierra, pero vestido con la camiseta del rival. ¿Qué más podemos pedirle a este Cádiz?. Tras la victoria al Athlétic de Bilbao estaba a seis puntos del descenso, tras dos jornadas consecutivas disputadas fuera del Carranza esa diferencia tan sólo se ha reducido en un punto. Cuatro puntos de nueve posibles.
Yo estoy más que satisfecho.