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Gran fiesta de despedida

Gran fiesta de despedida en Carranza. Así podríamos definir el último partido de Liga jugado por el Cádiz en Primera División (antes de que regresemos a ella), tanto por los valores mostrados por los futbolistas de amari

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Gran fiesta de despedida en Carranza. Así podríamos definir el último partido de Liga jugado por el Cádiz en Primera División (antes de que regresemos a ella), tanto por los valores mostrados por los futbolistas de amarillo como por la actitud de una afición que ya para sí la quisiera cualquier equipo del mundo con este comportamiento hacia sus jugadores, convirtiendo el estadio gaditano en una auténtica fiesta. Y no se dejen engañar, el delirio no llegó a las gradas por la manita que el Cádiz le endosó a un Málaga que apenas lo intentó en los primeros compases del inicio del encuentro, sino porque era la respuesta que una afición única como la cadista decidió dar tras una temporada entre los veinte más grandes de España.

Cinco a cero, muestra no sólo de la superioridad del Cádiz sobre el Málaga, sino también del partido tan bordado como efectivo que hicieron los pupilos de Espárrago a lo largo de 90 minutos, en los que el balón fluía por las bandas de una manera enloquecida y exacta, llevado por Silva, Sesma, Vella, Enrique y un Estoyanoff que jugó sus últimos minutos en el Cádiz y que sólo pudieron pararlo a base de faltas. Y un centro de campo con Morán inconmensurable, Fleurquin con seguridad por arriba y atrás… para qué hablar de la intachable labor de los defensores y de un Armando pletórico.

Ya la tarde se presumía de perfecta sintonía entre el equipo y la grada. Los jugadores mostraron una pancarta en la que se podía leer “Gracias afición” minutos antes del comienzo de un partido cuyas primeras ocasiones de gol las puso el equipo malacitano, a pesar de que el flujo del balón era amarillo y azul. El 3 y el 8 fueron minutos de tragar saliva para los cadistas, cuando Gerardo disparó una falta que rozó el larguero e Hidalgo cabeceó ligeramente alto ante Armando. Faltaba otro minuto casi fatídico en el que el meta cadista demostró su excelente forma física y su calidad, cuando una falta astutamente sacada por los malacitanos dejaba solo ante Armando a Pablo Couñago, que trató de enviar el cuero al poste contrario al portero amarillo y en cuestión de milésimas de segundo éste se percataba de las intenciones del jugador blanquiazul y con una mano desviaba el balón. La grada se venía abajo coreando en nombre del portero vasco del Cádiz.

Pasó el primer cuarto de hora y el Málaga trató de adelantar líneas, pero los amarillos no estaban dispuestos a que se les escapara este partido, a que el equipo contrario se envalentonara poco a poco. Y así, Pavoni colocaba el 1-0 en el marcador a los 18 minutos, tras un fenomenal pase de Enrique.

Fue cuando entonces el Cádiz demostró una extraordinaria colocación en el campo que le permitía sacar el balón controlado desde detrás con soltura y precisión, especialmente por la banda de Silva, con Morán muy activo en el centro del campo. Mientras, los malacitanos se dedicaban a verlas venir, tratando de aprovechar algún contragolpe, y a parar a Lobos a base de faltas y golpes. Precisamente en uno de los aislados ataques del equipo costasoleño, Romero estuvo a punto de convertir una bolea que no acertó a rematar.

Antes de que los futbolistas regresaran al túnel de vestuarios, Armando volvió a demostrar qué clase de guardameta es cuando Alexis no dudó en cabecear un balón a bocajarro que fue desviado por el meta cadista.

Los 45 minutos del partido que restaban cuando se iniciaba la segunda mitad y Oli sustituía a Lobos son de difícil descripción, dado que en pocos campos de fútbol puede haberse visto y vivido lo que sucedió esta noche. Minutos y minutos de una afición entregada, en pie, coreando al unísono canciones cadistas, aplausos para los malacitanos cuando efectuaban los cambios, los directivos del Málaga en pie aplaudiendo desde el palco a la afición cadista, emocionados… Una auténtica fiesta en el cemento… y en el césped, porque el Cádiz era imparable, con ese juego y alentado por la afición. Y los goles comenzaron a llegar: en el 17, Oli vio a Sesma entrando solo por su banda y de un patadón le puso el cuero, el canario lo controló con el pecho de manera impecable y disparó a bocajarro. Arnau no pudo hacer nada ante ese obús.

Sesma parecía tener hambre de gol y no se conformó. Tampoco esperó mucho tiempo para el segundo plato y, aún celebrando la grada su tanto, en el minuto 19, Pavoni le puso el balón en una jugada casi idéntica a la anterior y el canario remató al fondo de la red. 3-0 y delirio…

Comenzó un baile de cambios que benefició al equipo amarillo. Estoyanoff sustituyó a Enrique, que se llevó una gran ovación como la que recibió Pavoni al dejar su sitio a Nenad Mirosavljevic. Vaya atronador recibimiento al jugador balcánico…

La pelota era movida con tanta fluidez por los amarillos que el gol de Estoyanoff bien pudiera visionarse las veces que sean necesarias para entender lo que es jugar en equipo. Oli y Sesma resuelven un balón llegado desde el campo cadista, casi al primer toque, y finalmente Estoyanoff fue el que batió nuevamente a Arnau, colocando el 4-0 en el marcador del Carranza.

Lo que faltaba para rematar una noche inolvidable era quizás un gol de Nenad. Algunos lo pensaban. Dicho y hecho. Mirosavljevic aprovechó un balón cabeceado por Morán al área tras un rechace y los defensores malacitanos no acertaron a controlar el balón. Ahí estaba el delantero amarillo, que rebañó la pelota, se dio la vuelta, miró a Arnau, le amagó delante suya por si las moscas y… el quinto en el casillero.

La única tarjeta amarilla de un partido jugado con deportividad –a excepción de cierta dureza con Lobos- fue para Ribeiro que, desquiciado, ya no sabía cómo parar a Estoyanoff.

Velasco Carballo pitó el final apenas pasados unos segundos sobre los 90. Y entonces se vivió lo que bien pudiera haber sido un ascenso. Miles de cadistas saltaron al césped, llevaron en hombros a los futbolistas, y aún a esta hora, cercana a las once de la noche, cientos de aficionados rodean el Carranza esperando a los futbolistas amarillos para darles las gracias y celebrando una fiesta… la de un año en la elite, la de un equipo y un club únicos, la de ascenso a Primera dentro de poco…