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General
Ganan hasta sin jugar bien

Resulta complicado comenzar esta crónica sin destacar el puñetazo en la mesa que ha dado hoy el Cádiz en la categoría. Una victoria en el campo de uno de los máximos aspirantes, defendiendo un liderato que hasta ahora ha

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Resulta complicado comenzar esta crónica sin destacar el puñetazo en la mesa que ha dado hoy el Cádiz en la categoría. Una victoria en el campo de uno de los máximos aspirantes, defendiendo un liderato que hasta ahora había producido vértigo a todos sus poseedores es toda una declaración de intenciones, pero no se puede perder perspectiva. Quedan nada menos que 25 encuentros por disputarse, y la historia, especialmente en Segunda, está llena de equipos que han caído tras haber sido sólidos líderes. El año pasado le ocurrió a Almería y Sporting, y este a Xerez, Poli Ejido y Eibar. Así que lo mejor es disfrutar de la victoria, pero mantener los pies en el suelo, porque la euforia es mala consejera.

La primera parte tuvo a su vez dos períodos distintos. Los primeros veinte minutos fueron amarillos. El Cádiz no dejaba jugar a los locales, el Valladolid no pisaba el campo del rival. Los de Espárrago ahogaban en la presión a los de Kresic, apenas pasaban segundos para que los visitantes recuperaran de nuevo el cuero, lo que hacía que la posesión perteneciera a los gaditanos en un porcentaje muy alto. Eran los cadistas los que parecían que jugaban en casa, e incluso se fabricaron algunas ocasiones. La mejor fue para Dani Navarrete, que cazó una volea en el minuto 12 que se fue rozando el palo izquierdo de Bizarri.

El partido seguía el guión descrito anteriormente, con un Cádiz asfixiando a los blanquivioletas, que sólo jugaban mandando balones largos a Aduritz y Hornos. Todo ello hasta que rondando en el minuto 22 Aduritz empezó a demostrar la inmensa calidad que atesora: el burgalés cazaba un balón en el área, y con todo para marcar, la mandó arriba. Este fue punto de inflexión total para el encuentro, cuyo peso pasó a caer del lado local como si de un péndulo se tratara. El Valladolid puso contra las cuerdas al Cádiz, con muchas internadas, gracias a la técnica de Hornos y el mencionado Aduritz, que sabían ganar la espalda a los zagueros visitantes.

De nuevo fue Aduritz quien probó suerte en un disparo lejano, que se fue rozando el palo. Igual suerte corrió el obús que poco después mandó Figueredo. No salía el Cádiz de la cueva, y los amarillos se defendían como podían, deseando que el colegiado señalara el camino de los vestuarios. Figueredo, que tiene un cañón en su pierna derecha, volvió a probar suerte en el minuto 40, obligando a Armando a realizar una parada en dos tiempos bastante comprometida. Y al final Aduritz en una jugada de gran calidad, se dio la vuelta en una baldosa y sacó un disparo que de nuevo Armando abortó, convirtiéndose de nuevo en protagonista destacados.

El descanso bajó algo los humos a los locales, pero no lo suficiente para que el Cádiz pudiera retomar la batuta del choque. Eran los castellano-leoneses los que seguían acercándose a los dominios del arquero rival, gracias a su mayor posesión, y a las internadas de Hornos, con el que hoy soñará Paz. El charrúa ganaba siempre la espalda a la zaga cadista, creando mucho peligro. En una de sus internadas pudo llegar el tanto blanquivoleta, pero Sousa, en el minuto 59, cabeceó fuera en plancha cuando tenía toda la puerta para él. Menudo susto para los muchos gaditanos desplazados hasta el Jose Zorrilla.

Pasaban los minutos y viendo que los suyos no podían zafarse de la presión del Valladolid, Espárrago decidió sustituir a Bezares (amonestado) por Fleurquin, lo que supuso un cambio de calidad en el partido. El uruguayo, además de aportar centímetros, templó mucho el juego, raseando el cuero y jugando siempre la mejor opción, en un Cádiz que estaba abusando en exceso del desplazamiento en largo, único argumento ofensivo de los visitantes tras el descanso. Poco después también aparecía en escena Suárez, dando así el técnico cadista mucha más presencia y cuerpo a la medular cadista, perdida en el segundo tiempo.

No obstante la delantera vallisoletana seguía haciendo sus diabluras, y Armando tuvo que intervenir en varias ocasiones. Se mascaba ya el gol para los castellanos, cuando en el minuto 79, Sesma recibió de espaldas, quebró a la perfección a su par, se fue por velocidad, se paró para pensar, y lanzó un trallazo que, con la colaboración de Richetti, se colaba en el fondo de la red. Todo la alegría de la parroquia local viajó a la Preferencia, donde se veían multitud de bufandas amarillas ondeando al aire. Pero ni mucho menos se había ganado todavía.

Kresic tiró el todo por el todo dando entrada a Víctor, y el delantero creó situaciones de mucho peligro. Hubo dos entradas hasta la línea de cal con pase de atrás que milagrosamente no acabaron con el tanto del empate. Armando era más santo que nunca, para desesperación de los blanquivioletas.

Finalmente y tras unos minutos eléctricos, de una gran intensidad en que el Cádiz se empleó a fondo en defensa, desde el primero al último, y con ocasión clarísima incluída para Enrique que perdonó el 0-2 por no tirar con la zurda, el colegiado daba por concluido el encuentro, y alarga una semana más el estado casi de embriaguez cadista en que vive la afición.