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General
Brillante triunfo en Montjuic

Por fin suma el Cádiz tres puntos de una tacada nuevamente. Los amarillos (hoy más bien franjiamarillos) hicieron un partido de lo más serio, en el que su rival nunca dio sensación alguna de poder marcar. Los de Espárrag

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Por fin suma el Cádiz tres puntos de una tacada nuevamente. Los amarillos (hoy más bien franjiamarillos) hicieron un partido de lo más serio, en el que su rival nunca dio sensación alguna de poder marcar. Los de Espárrago durmieron el choque a su antojo, y por momentos parecía que todo iba para el 0-0. Pero como ya lo hemos visto hacer muchas veces, esperó su momento y dio dos zarpazos que dejaron tiritando al Español.

El comienzo del choque fue bastante vibrante y movido. El Cádiz mostraba su mejor cara, con la mirada fija en la portería, y demostrando que no había ido a Barcelona a colgarse bajo el larguero. Obviamente, si ganas tenían de vencer los amarillos, los locales no se quedaban atrás, y alrededor del cuarto de hora, enseñaron los dientes en dos centros desde la banda que afortunadamente no pasaron a mayores.

El impulso inicial, para desdicha del respetable, se diluyó alcanzando el ecuador del primer tiempo. La posesión estaba más o menos equilibrada, pero ninguno de los dos contendientes se decidía a tomar el mando del choque desde el centro del campo. El Español buscaba una y otra vez a De La Peña para que este sacara conejos de su chistera, y los amarillos mandaban balones en largo a los que pocas veces llegaban Enrique y Sesma.

Aunque una cosa era clara: casi siempre estaba el cuero en el campo de los de Lotina. Si bien es cierto que el juego no era todo lo fluido e hilvanado que nos habría gustado, al menos el Cádiz jugaba siempre mirando hacia Kameni en vez de Armando. Esto permitía no sólo estar más cerca de marcar que su rival, sino también más lejos de encajar un gol.

El partido por momentos se volvía soporífero, con ambos equipos carentes de profundidad y con la pólvora totalmente pasada por agua. En los últimos minutos al fin los dos equipos parecieron despertar, y aunque con más corazón que cabeza, intentaron inaugurar el marcador. El Cádiz tuvo un par de buenas jugadas en las que faltó dar el último pase, pero como se veía venir desde hacía varios minutos, el colegiado dio por concluido el primer tiempo con el 0-0 en el electrónico.

En apenas dos minutos de segundo tiempo vimos mucho más peligro que en toda la primera mitad. La presión del Cádiz dio sus frutos, y permitió a Enrique encarar totalmente solo, aunque escorado. La zaga tapó bien el pase y el extremeño se la jugó disparando a puerta, aunque allí apareció Kameni, que despejó a córner con el cuerpo. Esta acción provocó algunos nervios en la grada, y es que, como decimos, si bien ningún equipo terminaba de cuajar un buen choque, el Cádiz estaba mucho mejor plantado sobre el terreno de juego.

La segunda parte parecía de otro partido. En pocos minutos se vieron interesantes movimientos y desmarques, y se notaba otra chispa en catalanes y andaluces, seguramente espoleados por sus técnicos. El empate no servía mucho al Cádiz, y en nada al Español, por lo que hubo que estirar líneas. Seguía faltando funcionar más como bloque, pero la impresión seguía siendo la misma: los visitantes tenían mucho más controlado el ritmo de juego, y estaba en ellos llevarse el gato al agua.

El uruguayo de nombre soviético dotó a su equipo de más profundidad. No terminaba de desbordar, pero sus eléctricos movimientos trajeron en jaque a la defensa local, que muchas veces tuvo que emplear dos de sus efectivos para no dejarle huecos. Estoyanoff avisaba, con un disparo mordido, de lo que estaba a punto de ocurrir.

Ya hemos dicho que el control y el dominio, sin abusar de su rival, pertenecían al Cádiz, y por fin en el minuto 20 de la reanudación esto se plasmaba en el marcador. Raúl López buscaba en profundidad a Sesma, que en una de sus magníficas escapadas, apuraba hasta la línea de fondo, y centraba, para que Pavoni la colara por medio de las piernas de Kameni. Tres cuartos de partido controlados a la perfección y marcador a favor, todo de cara para sumar una nueva victoria.

De ahí en adelante, una canción más que conocida ya por la afición amarilla. El rival se pone nervioso y se tira a tumba abierta por el empate, mientras que el Cádiz engaña a los que no lo conocen: parece que sufre multiplicándose en defensa para detener las acometidas rivales, pero en realidad tiene la historia más que sabida. De hecho, pudo sentenciar en un sensacional centro de Oli que Kameni tocó lo justo para que Medina no lo enviara a las mallas.

Sentencia que llegó en una jugada similar a la del primer gol, en el minuto 80. Increíble galopada de Estoyanoff que tocando ya la línea de fondo, la puso atrás a Sesma, que sólo tuvo que empujar, ante la mirada impotente de los centrales blanquiazules. Los fieles hinchas amarillos saltaban de felicidad, mientras que los periquitos empezaban a desfilar hacia sus casas. El Cádiz había ejecutado el choque a la perfección y se llevaba una merecida victoria que revitaliza las esperanzas y el ánimo de todo el entorno cadista.