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Victoria marca de la casa

Por fin el cadismo sonríe otra vez en liga. Ya le tocaba, y hoy por fin el trabajo de todo el choque se vio recompensado. Como no podía ser de otra manera, el equipo amarillo tuvo que sufrir y pelear, padeciendo incluso calambres al final de

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Por fin el cadismo sonríe otra vez en liga. Ya le tocaba, y hoy por fin el trabajo de todo el choque se vio recompensado. Como no podía ser de otra manera, el equipo amarillo tuvo que sufrir y pelear, padeciendo incluso calambres al final del duelo. Pero a diferencia de lo que vimos en los últimos partidos de 2005, los puntos se quedaron en casa, se hacía justicia con lo que aconteció en el terreno de juego. Estas son las señas de identidad de este equipo, donde nos movemos como pez en el agua.

Después del excelente partido realizado ante el Sevilla el pasado miércoles, Víctor Espárrago se decidió por continuar con una alineación parecida, muy diferente a la que venía actuando en liga normalmente. El efecto fue idéntico al de la Copa: otro comienzo eléctrico del Cádiz, que apabulló a su rival con algunos espectadores aún accediendo a sus localidades. Medina dispuso de la mejor ocasión al recibir un balón botando ante Calatayud. El ex del Málaga tapó bien los huecos y evitó el tanto.

No fue un espejismo. Al poco un pase con rosca de Estoyanoff estuvo a punto de ser cabeceado por Mirosalvjevic, que casi repite su tanto en la Copa. Y luego Enrique, que volvía a la titularidad, también fusiló al meta getafense, sin éxito.

Tras este arranque asfixiante, el Getafe se zafó del dominio amarillo, y empezó a hacerse con el mando del partido. Poco a poco los madrileños iban encontrando su sitio sobre el tapete, y con la paciencia como principal ingrediente, se impuso en la medular, y con ello, la balanza de la posesión cayó de su lado. Los locales sólo inquietaban con chispazos de calidad de Enrique, Estoyanoff y Medina, pero que carecían de continuidad.

El choque, aunque ofrecía llegadas de ambas escuadras, estaba algo falto de ritmo y aburrido, pero a partir del minuto 27 se animó. Primero con la espectacular acción de Riki, que con una punta de velocidad tremenda, se coló en el área y la cedió a Pachón. Cuando todo Carranza se veía ya lamentándose del 0-1, el delantero la mandó a las nubes, para alivio de la parroquia local. Hinchada que a reglón seguido celebraba el tanto de Medina, bien anulado posteriormente por mano del uruguayo.

Aunque esta acción sirvió para abrir boca. En el minuto 33 Matellán cometía un penalti de juvenil, al levantar las manos para tapar un centro de Varela. El juez de línea, bien situado, indicaba la infracción al colegiado. Mirosalvjevic no se lo pensaba y pedía para él la pena máxima. Con una sangre fría propia de los jugadores que deciden partidos, el balcánico la ponía al lado contrario donde fue Calatayud.

El tanto dio confianza a los locales, que no se conformaban con la mínima ventaja e iban a por más. Casi lo encuentra Benjamín en un obús a la salida de un córner, pero el arquero visitante despejó, no sin apuros. Era, quitando los cinco minutos iniciales, los mejores momentos de los amarillos. Por fortuna, esta fase concluyó con el descanso y no con el empate de los de Schuster, que casi llega en un cabezazo de Riki que salió lamiendo el palo.

La reanudación comenzó lenta, sin que ninguno de los dos equipos terminara de aclararse sobre que hacer con el balón cuando éste caía de su lado. Una dinámica que sin duda convenía al Cádiz, pero que podía ser también peligroso: en cualquier acción podía llegar el empate. Mirosalvjevic sacó a todos del pequeño letargo con un excelente pase a Estoyanoff. El charrúa, que tenía todo para encarar a Calatayud con toda la ventaja para batirle, se echó el cuero demasiado largo, dando tiempo al meta a cerrarle el espacio para el 2-0. Había materia prima para sentenciar, pero requería ser cauto. Los del técnico alemán no querían irse por séptima vez consecutiva de vacío de vuelta a su feudo.

De hecho, conforme avanzaban los minutos los visitantes apretaban cada vez más, y el duelo iba tomando carices de no apto para cardíacos. El centro del campo se rompió totalmente, y el cuero iba de una portería a otra. Con el público animando para ayudar a los suyos en el duro esfuerzo físico de aguantar las acometidas getafenses, tocaba la heroíca para sumar una victoria que se antojaba fundamental para recuperar la tranquilidad.

En estas estábamos cuando llegaron las expulsiones de Estoyanoff y Berenguer, que no cambiaron el desarrollo del encuentro, más bien lo agudizó. Todo el Cádiz se conjuraba en su campo para defender la valiosa victoria, mientras que el respetable se ahorraba un dinero en cortauñas, pero daba trabajo extra a los relojes.

El Cádiz se dejaba la piel apretando los dientes con cada balón que colgaban los de Schuster, llevados en volandas por los suyos, en un Carranza que recordaba al de las mejores ocasiones. Y es que el Cádiz es esto. Ganar sobrados no va con estos colores, bendito sufrimiento si al final el premio son los tres puntos, como ha pasado hoy.