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General
Un punto para creer

Cambio de timón en la trayectoria de caída en picado que traía el Cádiz. Si bien únicamente se ha sumado un punto, la imagen del conjunto amarillo ha dado un vuelco de 180 grados, con la que sí se puede soñ

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Cambio de timón en la trayectoria de caída en picado que traía el Cádiz. Si bien únicamente se ha sumado un punto, la imagen del conjunto amarillo ha dado un vuelco de 180 grados, con la que sí se puede soñar con la permanencia. Parecía increíble que los jugadores que han conseguido hoy remontar el gol inicial del Atlético de Madrid y estuvieran cerca de dar la vuelta al marcador, fueran los mismos que dejaron las sensaciones tan negativas en Son Moix. Hay que seguir teniendo fe.

Partido de necesidades, a nadie le vale el empate. Los colchoneros, tras el varapalo ante el Sevilla, necesitan vencer para no perder de vista los puestos europeos, y que decir del Cádiz, al que ya prácticamente le va a ir la vida en cada partido. Desde el principio los dos quieren la victoria, cada uno con sus métodos: los locales con brega, lucha y empuje, los madrileños aprovechando su mayor velocidad (continuos balones buscando las carreras de Petrov, Kezman y sobre todo Torres) y mejores condiciones técnicas para hacer más daño entre líneas.

El dominio habitual del comienzo del duelo como local le dura muy poco al Cádiz, apenas siete u ocho minutos. Tras esto, los rojiblancos empiezan a llegar cada vez con más frecuencia. Fernando Torres explotaba su calidad y o bien encaraba a portería, o bien cedía a sus compañeros. Las llegadas eran continuas, y en todas ellas el gol rondaba la portería de Limia, dibujando un boceto de lo que pasaría luego. Por su parte, los de Espárrago entendieron pronto su papel, y a él se cernieron. Había que contener como fuera las acometidas visitantes, y aprovechar los despistes defensivos que pudieran dejar la zaga atlética, especialmente a balón parado. Aunque sin meter tanto el miedo en el cuerpo al rival, los amarillos también tuvieron sus opciones, en botas de Sesma por dos veces, pero el canario no pudo concretar.

Sin embargo, el Cádiz, a fuerza de sufrir, presionar y adelantar líneas, pudo poco a poco ir saliendo de la cueva y hacer que el cuero estuviera más tiempo en campo contrario, consiguiendo así no sólo tener más opciones de peligro, sino además, conjurar el peligro. Pero esta estrategia dejaba muchísimos huecos detrás de la defensa, y ya el Atlético había intentado aprovecharlos anteriormente. El cántaro ya había ido a la fuente varias veces, y en el minuto 32 terminó rompiéndose. Un balón en profundidad de Ibagaza dejó solo a Kezman, que arrancando en posición correcta, encaró con frialdad a Limia, lo regateó y marcó a placer.

El Cádiz no se hundió tras el tanto, pero tampoco dio muestras de poder protagonizar la primera remontada de la temporada. El juego del conjunto cadista seguía siendo demasiado directo, y la creación brillaba por su ausencia. Ni Fleurquin ni Bezares en la medular, ni Morán en la mediapunta, eran capaces de administrar el balón con objeto de fabricar espacios y buscar los desmarques de las bandas o el punta. Las pocas posibilidades marcar pasaban pues por desplazamientos en largo o por aprovechar la estrategia. Casi lo consiguen los locales al borde del descanso, pero el toque de Paz en una falta muy vertical no fue suficiente, y Leo Franco se encuentra de casualidad con el cuero, en lo que fue el “uy” más grande que la parroquia local pudo cantar en esta primera mitad.

En la segunda parte la transformación fue total. El Cádiz se olvidó de complejos, victivismos y desgracias, y se tiró a tumba abierta a por el empate. Los amarillos, sin un gran juego pero con mucha convicción, encerraron a su rival en su parcela. Generaron múltiples córners y faltas laterales, y por fin se veía peligro en ellas. No había llegadas claras pero al menos la zaga y portero colchoneros tuvieron que emplearse a fondo. Los Torres, Petrov o Kezman prácticamente ni aparecían, mientras que el Cádiz pisaba área rival una y otra vez. Aunque con formas totalmente distintas, era ahora el cuadro amarillo el que daba la sensación de estar a punto de marcar en cualquier momento.

Y de igual manera que ocurriera en la primera mitad, el equipo que lo había estado intentando continuamente encontró el premio que merecía. En el minuto 22 de segunda mitad Galleta hizo un penalti claro sobre Sesma, y Lucas Lobos no desperdició la ocasión. Empate que se veía venir, y con tiempo para soñar con los tres puntos.

El empate rompió el choque. A los visitantes no les valía ya su táctica de defender el resultado, y el Cádiz no estaba dispuesto a conformarse con un punto. La medular dejó de existir y el cuero viajó de un área a otra a una velocidad endiablada. Los locales tenían más presencia en ataque, pero el Atlético realizaba contragolpes en los que siempre llegaba con superioridad numérica. Espárrago pedía calma, porque veía a sus jugadores muy acelerados buscando la victoria, y eso dejaba espacios atrás, una bomba de relojería con el talento que atesoran los delanteros rojiblancos. Pero la zaga cadista también estaba muy entonada, y se las arreglaba para abortar las ocasiones de los pupilos de Pepe Murcia.

Tras un partido tan exigente la gasolina se fue acabando de los depósitos, y poco a poco se fue apagando el ímpetu de los dos contendientes, que si bien no les satisfacía a ninguno, tampoco nadie quería arriesgar, y el marcador reflejaba quizás lo que había sido más justo.