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Los más viejos del lugar ya saben como las gasta el Cádiz. Estaba claro que iba que apretar los dientes hasta el último momento. No podía ser de otra manera. Pero lo importante es que el cuadro amarillo sigue dependiendo únicamente de sí mismo para retornar a Primera División.
El Cádiz puso hoy los nervios de los suyos al límite. Pero finalmente Sesma desatascó la situación, y ya el Cádiz sacó a relucir su mejor cara. Aunque ya llegaremos a eso.
El cuadro local saltó al campo demostrando su condición de favorito y más motivado equipo. El comienzo fue eléctrico, con un Cádiz volcado buscando una y otra vez resolver por la vía rápida su compromiso, y empezar a pegar la oreja al transistor. El club egarense las veía venir, sin casi enterarse de la película, pero siendo capaz de mantener su portería imbatida.
Sesma, Enrique, Pavoni, Oli y hasta De Quintana (que ya avisaba de sus intenciones) probaron suerte, pero unas veces la falta de puntería, y otras el excelente rendimiento del guardameta Valle, hacían que no se pasara del "uy" en la grada.
Aunque en el minuto 21 se vio que el Terrassa podía hacer daño en cualquier momento. Armando comenzó su recital de paradas, en el duelo de la tarde con Maikel, goleador rojillo.
Fue tanto el cántaro a la fuente que finalmente Ramón De Quintana, para delirio de los 20000 espectadores entregados, abría el marcador. Saltaba el cerrojo visitante, y muchos auguraban una goleada de escándalo en Carranza. Nada más lejos de la realidad: Quique Martín, poco antes del descanso, ponía el miedo en el cuerpo a los incondicionales cadistas. Había tela que cortar aún.
El segundo tiempo fue de infarto. El Cádiz no terminaba de arrancar, y visto lo visto, la escuadra de Delgado no se lo pensó y se fue arriba, hasta tal punto, que llegó a encerrar a los de Espárrago en su área. No podían zafarse del dominio foráneo, hasta que terminó viendo como Abraham, aprovechando una imprecisión de Suárez, hacía el empate. Muchos empezaron a ver fantasmas por La Laguna.
El gol fue un jarro de agua fría, y aunque lo intentaba, no era capaz de salvar la situación de atasco en que se encontraba el juego local. Al no funcionar el colectivo, los amarillos decidieron resolver con la calidad individual de los suyos. Faltando un cuarto de hora, Pavoni destapó el tarro de las esencias, y Sesma remataba, liberando mucha tensión en Cádiz.
Con el marcador en contra y la expulsión de Rubén López, el Terrassa se vino definitivamente abajo, y el Cádiz terminó dándole la puntilla con la pena máxima convertida por Manolo Pérez, que de camino costó otra roja a los catalanes.
Tras los resultados de hoy, el Cádiz se pone segundos, y por supuesto, dependen de sí mismos para encontrar la senda a Primera. Celta y Eibar están al acecho, pero una victoria en Chapín mandaría a paseo a todos los transistores. Vamos a por ello.
El Cádiz puso hoy los nervios de los suyos al límite. Pero finalmente Sesma desatascó la situación, y ya el Cádiz sacó a relucir su mejor cara. Aunque ya llegaremos a eso.
El cuadro local saltó al campo demostrando su condición de favorito y más motivado equipo. El comienzo fue eléctrico, con un Cádiz volcado buscando una y otra vez resolver por la vía rápida su compromiso, y empezar a pegar la oreja al transistor. El club egarense las veía venir, sin casi enterarse de la película, pero siendo capaz de mantener su portería imbatida.
Sesma, Enrique, Pavoni, Oli y hasta De Quintana (que ya avisaba de sus intenciones) probaron suerte, pero unas veces la falta de puntería, y otras el excelente rendimiento del guardameta Valle, hacían que no se pasara del "uy" en la grada.
Aunque en el minuto 21 se vio que el Terrassa podía hacer daño en cualquier momento. Armando comenzó su recital de paradas, en el duelo de la tarde con Maikel, goleador rojillo.
Fue tanto el cántaro a la fuente que finalmente Ramón De Quintana, para delirio de los 20000 espectadores entregados, abría el marcador. Saltaba el cerrojo visitante, y muchos auguraban una goleada de escándalo en Carranza. Nada más lejos de la realidad: Quique Martín, poco antes del descanso, ponía el miedo en el cuerpo a los incondicionales cadistas. Había tela que cortar aún.
El segundo tiempo fue de infarto. El Cádiz no terminaba de arrancar, y visto lo visto, la escuadra de Delgado no se lo pensó y se fue arriba, hasta tal punto, que llegó a encerrar a los de Espárrago en su área. No podían zafarse del dominio foráneo, hasta que terminó viendo como Abraham, aprovechando una imprecisión de Suárez, hacía el empate. Muchos empezaron a ver fantasmas por La Laguna.
El gol fue un jarro de agua fría, y aunque lo intentaba, no era capaz de salvar la situación de atasco en que se encontraba el juego local. Al no funcionar el colectivo, los amarillos decidieron resolver con la calidad individual de los suyos. Faltando un cuarto de hora, Pavoni destapó el tarro de las esencias, y Sesma remataba, liberando mucha tensión en Cádiz.
Con el marcador en contra y la expulsión de Rubén López, el Terrassa se vino definitivamente abajo, y el Cádiz terminó dándole la puntilla con la pena máxima convertida por Manolo Pérez, que de camino costó otra roja a los catalanes.
Tras los resultados de hoy, el Cádiz se pone segundos, y por supuesto, dependen de sí mismos para encontrar la senda a Primera. Celta y Eibar están al acecho, pero una victoria en Chapín mandaría a paseo a todos los transistores. Vamos a por ello.