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General
Siempre es fiesta en Carranza

Partido para poner en las escuelas de fútbol para explicar el concepto universal del balompié de que la calidad define los partidos. Y no hay más. Extenderse en las mismas explicaciones que se dieron ante Mallorca, Valencia y Zaragoza

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Partido para poner en las escuelas de fútbol para explicar el concepto universal del balompié de que la calidad define los partidos. Y no hay más. Extenderse en las mismas explicaciones que se dieron ante Mallorca, Valencia y Zaragoza es ya repetirse rozando el aburrimiento. Las oportunidades de vencer hoy al mejor Barcelona de hace muchos años pasaban por llegar a puerta y aprovechar la ocasión. Pero el Cádiz, sobre todo en la primera parte, ahogó a los culés, no los dejó jugar, pero no fue capaz de encarar a Víctor Valdés con superioridad y opciones de marcar, y las pocas veces que se merodearon los dominios del de Hospitales, éste nunca que trabajar. Por el contrario, los barcelonistas apenas le vieron la cara a Armando, lo batieron con calidad. Y a partir de ahí, la historia de siempre cuando se enfretan David y Goliat y éste abre la lata del débil.

El Cádiz salió sin ningún tipo de complejos ante el todopoderoso Barcelona. Sabedor Espárrago de que las únicas oportunidades de su equipo pasaban porque los blaugranas no tuviera tiempo el balón en sus pies para desplegar su calidad. Sus hombres presionaban por todo el campo y la medular visitante apenas rascaba bola, por lo que eran los centrales los que tenían que conectar con los delanteros. Un juego vulgar que los cadistas sabían contrarrestar a la perfección.

En los primeros minutos parecía que los jugadores se habían cambiado las camisetas, porque el choque era un monólogo amarillo. De hecho, las primeras ocasiones eran para los locales, que pudieron adelantar a los suyos. Enrique, aprovechando las subidas de Gio, se erigió en protagonista, y participó mucho en ataque, primero cediendo un pase a Sesma que no pudo dirigir al primer toque entre los tres palos, y posteriormente, con un disparo que le sacó un defensa en la última milésima. Los once jugadores del equipo andaluz se batían como jabatos y ahogaban a un Barcelona irreconocible.

El Cádiz cedía el peso del control a los culés, a los que mordía por todo el campo. En algunas fases el partido era más un combate físico que futbolístico, con los de Espárrago corriendo tras cada balón como si fuera el último, y teniendo como únicas esperanzas de ataque un robo que provocara una situación de superioridad numérica. Estaba claro que el éxito de esta táctica radicaba en marcar antes de que el depósito, que a un ritmo tan endiablado, estaba claro que no iba a llegar para los noventa minutos.

Un ejemplo claro de la filosofía que Espárrago quería hoy se vio justo a la media hora de juego. Sesma aprovecha un fallo en el control de Oleguer, centra y Pavoni cabecea aunque forzado, por lo que no puede concretar. Fue sólo dos minutos antes del desgraciado 0-1, que dejó helados a los asistentes hoy al Carranza. Es redundante hablar de la calidad de los jugadores barcelonistas, y en cuanto tuvieron el más mínimo hueco, golpearon sin piedad. Un pase en profundidad de Iniesta dejó en clara ventaja a Giuly, que superó con una vaselina deliciosa la salida de Armando. Otra vez los cadistas se llevaban la peor parte ante los suyos después de dejarse la piel. Pero había que tener esperanzas hasta el final.

El tanto inyectó morfina al partido, el Cádiz se vino un poco abajo tras encajar el gol, y el Barcelona se relajó con el marcador a favor. Tanto fue así, que ahora la iniciativa la llevaban los de casa, a los que tocaba ahora ser los que más buscaran la verticalidad. En esas estaba el duelo cuando al borde del descanso ya, con el más que dudoso penalti de De La Cuesta sobre Márquez, en una jugada que comenzó con una mano de Messi. Etoo, que tuvo que repetir el lanzamiento, no perdonó y ponía las cosas muy cuesta arriba.

La cosa apuntaba para tragedia cuando a los tres minutos Etoo hacía el tercero para su equipo y el segundo en su cuenta particular. El africano le pegó duro a puerta, Armando realizó un paradón, pero el rechace cayó a los pies de Messi que sigue demostrando que está llamado a hacer grandes cosas, y en apenas una losa regateó y se la cedió al internacional camerunés, al que darle una segunda opción es mucho, y no perdonó.

A partir de aquí hay que mencionar a la afición amarilla. Con un contundente 0-3 en contra, bastó una ocasión de Estoyanoff recién ingresado en el campo (que una vez más salía de lo más acelerado) para levantar los cánticos y ánimos de los suyos (energúmenos a los que les gusta saltar al césped aparte). Cualquiera pensaría que quienes ganaban eran los locales, que no se desanimaban y que querían corresponder a su hinchada celebrando al menos un tanto al cuadro azulgrana.

Con el resultado decidido los dos conjuntos decidieron irse arriba a ver quien marcaba más. Obviamente los visitantes en esta suerte están mucho más dotados, especialmente Messi, que era un terror cada vez que cogía el esférico. Pero si buenos son los atacantes catalanes, no menos bueno es Armando, que una vez más amargó a sus rivales con espectaculares paradas a disparos de Deco, Larsson, Oleguer y otra vez el sueco. Simplemente espectacular.

Con el partido ya agonizante, llegó el premio para la afición amarilla, que llegó al éxtasis cuando en el minuto 90 los locales hacían el del honor a través de uno de los jugadores más queridos del Ramón de Carranza: Mirosalvjevic, con un toque exquisito, batía a Valdés después de un pase de Enrique. No servía para puntuar, pero el público cantaba como lo hacía cuando aquel Dream Team se llevó aquel memorable 4-0. Esta es la afición que nos ha hecho ganarnos el respeto de toda España, que dure mucho.

Al final se confirmaba lo esperado, que era que el campeón se llevara los puntos. Después de este paréntesis, el miércoles toca volver a la liga que juegan los amarillos por evitar el descenso, y donde hay que conseguir la victoria ya como sea para romper esta racha negativa de ocho encuentros sin ganar.