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El Cádiz ha jugado hoy su peor partido hoy en lo que va de temporada, y como es de esperar, eso le costó volverse de vacío de Pamplona. Los amarillos obviaron la mayoría de los minutos el control de balón, como resultado de la nula participación de los centrocampistas visitantes, y el Osasuna, primero encerrando a su rival, y luego matándolo a la contra, se hizo con una merecida victoria. Victoria que el Cádiz tuvo en su mano evitar, en un penalti que esta vez lanzó Fleurquin. Como pasara en Sevilla, el balón no entró, y el resultado fue demoledor, ya que de tener el empate a un pelo a verse privado del mismo y tener que volver a empezar tuvo en efecto muy duro en la moral de los cadistas.
Osasuna empezó interpretando el mismo papel que ejecuta cuando juega en El Sadar, del que aprovecha hasta el último ápice de sus especiales características. Pero no fue capaz de hacerle daño al Cádiz, donde juega de portero un tal Armando, que si le dejan un poco más, lo van a ver de rojigualda en breve. El guardameta se multiplicó para evitar las primeras acometidas rojillas, y cuando él no pudo, echó una manita el palo, que repelió alguna falta con rosca.
Ya hemos visto muchas veces que en este tipo de choques el Cádiz confía plenamente en su entramado defensivo, pero bien es verdad que en los veinte primeros minutos sólo el Osasuna pasó de medio campo, y jugando tan en el filo de la navaja, podía pasar lo que llegó cuando David López recibió un centro de Delporte (muy incisivo en la primera parte) y la ajustó al palo largo, donde ni siquiera Armando podía llegar.
Con el gol el Osasuna calmó un poco sus ansias, pero al Cádiz le costó entrar en juego. Así que los sufridos espectadores sufrieron unos minutos de juego insulso, de centrocampismo, en los que no ocurría nada. Los visitantes intentaban algún tímido acercamiento, pero sin mayor incidencia. Un partido típico en Pamplona entre equipos cuyo objetivo es no descender.
Los espectadores despertaron de su siesta en el minuto 42, en el que Romeo pudo finiquitar el choque al recibir un balón largo que lo dejaba en clara ventaja para disparar. Por fortuna, el argentino ejecutó el chut de forma muy defectuosa. Durante unos segundos eternos la pelota parecía que iba a puerta, pero al final pasó rozando la cepa del poste. También sirvió para despabilar definitivamente al Cádiz, que en dos minutos tuvo más acercamientos al área de Ricardo que en los 43 anteriores. Como no podía ser de otra manera, éstos llegaron a balón parado. Dos faltas y dos córners demostraron por fin que el Cádiz podía hacer algo más de lo poco que había exhibido hasta entonces.
El técnico charrúa debió echarles una bronca tremenda a sus pupilos, porque el giro fue de 180 grados. Ahora sí el Cádiz era el que todos hemos visto en las mejores tardes de fútbol. La balanza de la posesión cayó del lado andaluz, y ahora sí los atacantes amarillos se encontraban a base de triangulaciones y se generaban espacios por los que ganar la espalda. Se produjeron algunas ocasiones, hasta que llegó la mejor que se puede tener, la pena máxima. Con el error en Sevilla desde los once metros aún muy presente, Fleurquin fue el encargado de ejecutar el lanzamiento. El charrúa hizo un buen disparo, pero el cuero se estrelló contra la escuadra. El Cádiz volvía a perdonar desde el punto fatídico, un regalo que los amarillos no se pueden permitir desperdiciar tanto en Primera.
Otra pena máxima errada en cuatro días fue demasiado para los cadistas, que lógicamente se vieron afectados, tras verse tan cerca del empate y quedarse con la miel en los labios. Osasuna empezó a buscar mantener su resultado y salir a la contra para dar la puntilla a su rival, algo que casi consigue rondando el minuto 66, en un error claro de la zaga cadista, que permitió que Delporte cediera un gol dado a , que incomprensiblemente la mandó a las nubes teniendo toda la portería libre. Aún había esperanza.
Pero lo cierto es que en los minutos siguientes se veía al Cádiz aún algo alicaído, y el Osasuna se impuso en la lucha por definir el ritmo de partido, que se desarrollaba casi siempre en el centro del campo, en un juego muy embarullado. Los dos podían marcar, pero estaba clarísimo que de ocurrir, sería en una jugada aislada, en un arreón, ya que a estas alturas de encuentro, el juego colectivo en ambos bandos brillaba por su ausencia.
Espárrago introdujo algunas variantes, como situar a Bezares junto a Fleurquin y Suárez en la medular, o dar entrada a Estoyanoff por Raúl López, para que Sesma ocupara el lateral izquierdo, con Enrique por delante de él, pero ninguna de ellas produjo el resultado esperado. Los jugadores pusieron todo su empeño y dedicación, no se les puede reprochar nada, pero parecían idos del partido. Los pamplonicas se daban cuenta de ello, y montaban contras con mucho peligro, que avisaban de lo que terminaría ocurriendo a falta de tres minutos. Webó metía un balón en profundidad a Milosevic, que controló, se giró y esperó la llegada de Moha, que la clavó en la escuadra. Lógicamente, ahí concluyó el choque, que ya no tuvo más historia.
Derrota sin paliativos del Cádiz, a la que no hay que darle más vueltas. Los amarillos realizaron un mal duelo y lo pagaron con la primera derrota a domicilio, de la que tratarán de resarcirse dentro de siete días ante el Celta.
Osasuna empezó interpretando el mismo papel que ejecuta cuando juega en El Sadar, del que aprovecha hasta el último ápice de sus especiales características. Pero no fue capaz de hacerle daño al Cádiz, donde juega de portero un tal Armando, que si le dejan un poco más, lo van a ver de rojigualda en breve. El guardameta se multiplicó para evitar las primeras acometidas rojillas, y cuando él no pudo, echó una manita el palo, que repelió alguna falta con rosca.
Ya hemos visto muchas veces que en este tipo de choques el Cádiz confía plenamente en su entramado defensivo, pero bien es verdad que en los veinte primeros minutos sólo el Osasuna pasó de medio campo, y jugando tan en el filo de la navaja, podía pasar lo que llegó cuando David López recibió un centro de Delporte (muy incisivo en la primera parte) y la ajustó al palo largo, donde ni siquiera Armando podía llegar.
Con el gol el Osasuna calmó un poco sus ansias, pero al Cádiz le costó entrar en juego. Así que los sufridos espectadores sufrieron unos minutos de juego insulso, de centrocampismo, en los que no ocurría nada. Los visitantes intentaban algún tímido acercamiento, pero sin mayor incidencia. Un partido típico en Pamplona entre equipos cuyo objetivo es no descender.
Los espectadores despertaron de su siesta en el minuto 42, en el que Romeo pudo finiquitar el choque al recibir un balón largo que lo dejaba en clara ventaja para disparar. Por fortuna, el argentino ejecutó el chut de forma muy defectuosa. Durante unos segundos eternos la pelota parecía que iba a puerta, pero al final pasó rozando la cepa del poste. También sirvió para despabilar definitivamente al Cádiz, que en dos minutos tuvo más acercamientos al área de Ricardo que en los 43 anteriores. Como no podía ser de otra manera, éstos llegaron a balón parado. Dos faltas y dos córners demostraron por fin que el Cádiz podía hacer algo más de lo poco que había exhibido hasta entonces.
El técnico charrúa debió echarles una bronca tremenda a sus pupilos, porque el giro fue de 180 grados. Ahora sí el Cádiz era el que todos hemos visto en las mejores tardes de fútbol. La balanza de la posesión cayó del lado andaluz, y ahora sí los atacantes amarillos se encontraban a base de triangulaciones y se generaban espacios por los que ganar la espalda. Se produjeron algunas ocasiones, hasta que llegó la mejor que se puede tener, la pena máxima. Con el error en Sevilla desde los once metros aún muy presente, Fleurquin fue el encargado de ejecutar el lanzamiento. El charrúa hizo un buen disparo, pero el cuero se estrelló contra la escuadra. El Cádiz volvía a perdonar desde el punto fatídico, un regalo que los amarillos no se pueden permitir desperdiciar tanto en Primera.
Otra pena máxima errada en cuatro días fue demasiado para los cadistas, que lógicamente se vieron afectados, tras verse tan cerca del empate y quedarse con la miel en los labios. Osasuna empezó a buscar mantener su resultado y salir a la contra para dar la puntilla a su rival, algo que casi consigue rondando el minuto 66, en un error claro de la zaga cadista, que permitió que Delporte cediera un gol dado a , que incomprensiblemente la mandó a las nubes teniendo toda la portería libre. Aún había esperanza.
Pero lo cierto es que en los minutos siguientes se veía al Cádiz aún algo alicaído, y el Osasuna se impuso en la lucha por definir el ritmo de partido, que se desarrollaba casi siempre en el centro del campo, en un juego muy embarullado. Los dos podían marcar, pero estaba clarísimo que de ocurrir, sería en una jugada aislada, en un arreón, ya que a estas alturas de encuentro, el juego colectivo en ambos bandos brillaba por su ausencia.
Espárrago introdujo algunas variantes, como situar a Bezares junto a Fleurquin y Suárez en la medular, o dar entrada a Estoyanoff por Raúl López, para que Sesma ocupara el lateral izquierdo, con Enrique por delante de él, pero ninguna de ellas produjo el resultado esperado. Los jugadores pusieron todo su empeño y dedicación, no se les puede reprochar nada, pero parecían idos del partido. Los pamplonicas se daban cuenta de ello, y montaban contras con mucho peligro, que avisaban de lo que terminaría ocurriendo a falta de tres minutos. Webó metía un balón en profundidad a Milosevic, que controló, se giró y esperó la llegada de Moha, que la clavó en la escuadra. Lógicamente, ahí concluyó el choque, que ya no tuvo más historia.
Derrota sin paliativos del Cádiz, a la que no hay que darle más vueltas. Los amarillos realizaron un mal duelo y lo pagaron con la primera derrota a domicilio, de la que tratarán de resarcirse dentro de siete días ante el Celta.