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General
Otra vez la misma historia

Empate insuficiente hoy para el Cádiz, aunque ya avisábamos de que contra los rivales de la parte baja de la tabla, es con los que el Cádiz va a tener que sacar lo mejor de sí mismo, y donde peor lo va a pasar. El Salamanca vin

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Empate insuficiente hoy para el Cádiz, aunque ya avisábamos de que contra los rivales de la parte baja de la tabla, es con los que el Cádiz va a tener que sacar lo mejor de sí mismo, y donde peor lo va a pasar. El Salamanca vino a Carranza con la manifiesta intención de dormir el duelo lo más posible, y a fe que lo consiguió. Por momentos pareció que se jugaba andando, y los amarillos tienen que aprenderse la lección (que ya la han visto más veces) para próximas ocasiones.

Los primeros compases favorecían los intereses del cuadro visitante, y es que el Cádiz se contagió del ritmo cansino que desde el minuto inicial los charros quisieron imprimir al choque. Aunque avisó pronto el equipo amarillo, con un remate de Paz en un córner que sacó el primer “uy” del respetable. Onomatopeya que fue mucho mayor un par de minutos después, en una buena triangulación que acabó con un pase en profundidad de Pavoni a Mirosalvjevic. El serbio cruzó, con su pierna mala, la zurda, en exceso ante la salida de Tom.

El Salamanca estaba bien plantado en el campo, pero el dominio era claramente de color amarillo. Con su juego habitual, los de Espárrago hilvanaban y terminaban encontrando el hueco. Dani Navarrete, Miroslajvevic y Pavoni eran los que más se prodigaban en ataque, aunque no se terminaba de concretar el último pase.

El tempo del duelo tenía encantando a Goikoetxea, y es que el mismo era de lo más lento. El Cádiz no tenía prisa, pero quizás estaba una velocidad por debajo de lo debido, ante la desidia que se imponía sobre el césped. El crono avanzaba inexorable, y los dos porteros no tenían trabajo alguno. Pasaron muchísimos minutos sin que hubiera disparo alguno entre los tres palos.

En el minuto 30 despertó de repente el Salamanca. Un centro de Mario desde la derecha dejó solo a Gorka Brit, y el delantero sacó la puntera. Afortunadamente, Armando estuvo atento a la ocasión. Pero fue un claro aviso de cómo quería plantear la Unión el choque: dormir todo lo posible el esférico, para que cuando todo pareciera tranquilo, sorprender con un zarpazo que fuera casi irreversible. Por fortuna esta vez no fue así, pero los de Espárrago necesitaban reaccionar cuanto antes y darle mayor velocidad a la circulación de balón.

De ahí al descanso lo único reseñable fue la lesión de Dani Navarrete (muy mala suerte la suya) y es que, aún a riesgo de ser repetitivo, parecía que Localia estaba dando el choque en cámara superlenta. Todos los cadistas veían la llegada del final del primer tiempo como mal menor, esperando que Espárrago arrengara a los suyos en la caseta.

Pero por desgracia, el efecto del intermedio no fue el esperado. Salvo que los equipos atacaban en dirección contraria, no cambió absolutamente nada. El partido olía francamente mal, y es que tenía tufillo a otros que tuvieron un guión casi calcado, como las derrotas ante Alavés o Murcia.

Lo que es peor, el que se iba creciendo con el paso de los minutos era el cuadro blanquinegro, que empezaba a gozar de posesión y cuyas jugadas terminaban cada vez más cerca del portal de Armando. El Cádiz tenía que correr detrás del cuero, algo a lo que no está acostumbrado y que merma sus buenas cualidades.

Con el monumental atasco que había en el juego local, Espárrago recurrió a Manolo Pérez, esperando que el catalán descongestionara la circulación de balón en el bando amarillo. Sin grandes alardes, la mejoría fue notable, y el partido se animó. Esto coincidió además con la entrada en juego de Sesma (totalmente inédito hasta entonces) y en apenas tres minutos vimos más peligro que en el resto del tiempo transcurrido hasta entonces. Sin duda la mejor la tuvo el extremo canario, en un balón que se encontró por la izquierda, y al que no llegó por milímetros, con la portería ya vacía.

Lo que es innegable es que por fin el Cádiz dio la imagen que se esperaba de él, inquietando a los salmantinos, y creando ocasiones de gol. Manolo Pérez tuvo una muy buena en un chut seco que se fue cerca del palo, tras una estupenda dejada de Mirosalvjevic. Pero no había que confiarse. Los unionistas parecían no querer saber nada de la portería contraria, pero en algunos balonazos cogían por sorpresa a la defensa, quizá algo confiada ante la poca llegada de los delanteros rivales. Una buena muestra de esto la pudimos ver en el minuto 76, con un disparo peligrosísimo al que Armando respondió bien.

El reloj era ya a estas alturas el mayor enemigo de los de Espárrago, cuyas esperanzas de marcar estaban cada vez más depositadas en las faltas con rosca de Manolo Pérez. En una de estas, faltando diez minutos para el final, Fleurquin tuvo el tanto en su cabeza, pero el cuero, tocado por un defensa, se fue lamiendo el palo. Aunque sin duda el partido lo tuvo Sesma en su testa. Completa y totalmente solo, en el minuto 88, a la salida de un córner, el cuero le caía al canario, pero éste evidenció que seguramente el juego aéreo sea la única faceta que no domina. Muchos cantaban ya el gol, y todos tuvieron que llevarse las manos a la cabeza ante el error en el franco remate.