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Nunca un gol valió tanto

A la cuarta fue la vencida. El Cádiz se había enquistado al Sevilla en esta temporada, tras el empate en liga en la ida y la eliminación copera, y los nervionenses se tomaron hoy venganza donde más duele, robando una victoria e

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A la cuarta fue la vencida. El Cádiz se había enquistado al Sevilla en esta temporada, tras el empate en liga en la ida y la eliminación copera, y los nervionenses se tomaron hoy venganza donde más duele, robando una victoria en casa en liga que corta la excelente racha que había pillado el Cádiz en este 2006. El partido estuvo marcado por el tempranero gol sevillista, que permitió a estos desarrollar el juego a su antojo, y aunque no faltó brega ni lucha, salvo en minutos determinados, pareció siempre muy lejano y poco probable.

Todo lo bueno que fue el comienzo de hace seis días en El Madrigal fue malo hoy en el Carranza. Apenas se habían jugado cinco minutos, en los que los dos equipos mantenían aún todo el respeto de la fase de estudio del rival, cuando una típica jugada del Sevilla, con desplazamiento en largo que peina atrás Kanouté y Saviola, entrando desde segunda línea, machacaba a Armando, marcando el partido de forma irremediable. Todos los planteamientos tácticos preparados durante una semana, se quedaban en nada en apenas segundos.

El encuentro se quedó en una situación perfecta para el equipo visitante, que con el marcador a favor sabe temporizar muy bien los partidos, y mantener, a golpe de balonazos largos, el cuero lejos de su guardameta. El juego se embarulló hasta el bostezo en la medular, tal y como quería Juande Ramos. El balón estaba más tiempo en los pies de los amarillos, pero siempre circulaba en sentido horizontal o hacia atrás, pero raramente había verticalidad que generara peligro. De hecho eran los hispalenses, a la contra, los que gozaban de las mejores oportunidades para torpedear las redes contrarias. El ratón Saviola se convirtió en una pesadilla para los zagueros de Espárrago, que o bien disparaba a puerta, o habilitaba a sus compañeros para hacerlo.

El Cádiz alternaba fases grises con momentos de inspiración, que eran los que le permitían complicar la vida a Notario y sus compañeros de retaguardia. Alrededor de la media hora los locales disfrutaron de su acercamiento más incisivo, en una falta con mucha rosca de Estoyanoff que al mínimo toque se habría ido a puerta, pero por desgracia, nadie contactó con el esférico. La réplica, también a balón parado, de los sevillistas fue cinco minutos después. Saviola esta vez no acertó a dirigir su disparo entre los tres palos. Así se llegaba al final de una primera parte que fue muy poco agradecida con el espectador.

Espárrago quería dar más velocidad y control a su equipo, así que dio entrada a Lucas Lobos y Enrique por Sesma y Estoyanoff, y sin duda el cambio operó un viraje de 180 grados en el ritmo de los amarillos, que empezaron a mostrarse arriba con mucho más ritmo y maldad. El ex de Gimnasia y Esgrima abanderaba la revolución de los suyos. Obviamente, la mayor presencia ofensiva llevaba implícita un riesgo en la defensa, que dejaba huecos para la velocidad a la contra de Navas y Saviola.

Conforme pasaban los segundos, la dinámica del partido se iba marcando de forma más fuerte: el Sevilla se atrincheró atrás y el Cádiz tocaba zafarrancho una y otra vez. Los de Nervión no se lo pensaban y a la mínima que veían desbordar a los atacantes locales, los derribaban en faltas. De esta manera, los de Espárrago tuvieron multitud de ocasiones para llevar a cabo jugadas ensayadas, que practicaron de todas las formas posibles. En casi todas ellas planeaba el peligro sobre Palop, pero unas veces la falta de acierto en el remate, y otras el buen hacer de los defensores sevillanos evitaban el empate.

Sumar un punto se convirtió en prácticamente una quimera cuando en el minuto 27 de la segunda parte Puerta hacía el 0-2, tras un preciso centro a pie cambiado de Alvés. El Sevilla, subiendo apenas efectivos al ataque, había aprovechado los huecos en defensa a que hacíamos referencia. Un gol que permitió a los hispalenses dar otro paso atrás, y blindar más aún una victoria que llevaba mucho tiempo mimando y que no arriesgó a perder en ningún momento.

Pero si algo caracteriza a nuestros jugadores es su espíritu de lucha, y hoy no fue una excepción. Pese al mazazo del segundo tanto, los locales no se vinieron abajo y con sus armas, no cejó en su empeño de batir a Palop. Se fabricaron varias jugadas que merecieron mejor suerte, como un disparo de Fernando Morán que se marchó rozando el palo, o un cabezazo imposible de Medina tras pase de Lobos, pero no parecía que la diosa Fortuna tuviera al Cádiz hoy en su pensamiento. Esperemos que dentro de ocho días, ante Osasuna, la historia sea diferente.