La hinchada cadista desplazada al campo sevillista acompañó y animó al equipo para conseguir tres puntos que se antojan vitales.
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El fondo del Sánchez Pizjuán en el que se ubicaba la animosa afición del Cádiz era un hervidero de alegría cuando Velasco propulsaba el balón al fondo de la red. La infatigable hinchada amarilla fue clave. Dio el aliento suficiente y se hizo notar para que el equipo se rearmase de coraje en el terreno de juego y pudiese doblegar al segundo clasificado.
La temporada entra en un punto de no retorno en el que el concurso de los aficionados se convierte en la fuerza que reconforta al equipo para ganar e imponerse. La respuesta en este tramo final ha sido inmejorable y se han conseguido los quince últimos puntos en juego que afianzan al Cádiz entre los cuatro primeros.
Carranza será el lugar de reencuentro, el próximo domingo, de un Cádiz que se encuentra en el mejor estado del año precisamente en el momento más importante. El sustento de su masa social le da la vida al equipo que encara ahora el sprint final que tiene como primera parada unas eliminatorias de ascenso cada vez más al alcance de la mano.