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General
Jarro de agua fría en Carranza

Día para olvidar en el entorno de la familia cadista. Y cuanto antes, mejor, ya que no puede sacarse nada positivo del partido de hoy. Se esperaba con mucha impaciencia al Murcia, pues el Cádiz, tras tres empates, requería una victori

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Día para olvidar en el entorno de la familia cadista. Y cuanto antes, mejor, ya que no puede sacarse nada positivo del partido de hoy. Se esperaba con mucha impaciencia al Murcia, pues el Cádiz, tras tres empates, requería una victoria que confirmara a los amarillos en la parte alta de la tabla y renovara la moral de una plantilla y afición, que andaban algo alicaídos. Pero cuando todo apuntaba ya al 0-0, una jugada de suerte para el cuadro murcianista hizo caer la quinta victoria en Carranza, demasiadas ya a estas alturas de campeonato. Lo cierto es que el equipo local decepcionó por su juego, y salvo algunas fases, no terminó de dar esa sensación de peligro que nos cautivó a todos en la primera vuelta.

Cumplía su palabra Casuco, ya que el técnico murcianista puso en liza un once bastante ofensivo, con delanteros natos como eran Karanka e Iván Alonso simultáneamente en el equipo titular. Como resultado, el partido fue vistoso y abierto en los primeros minutos, con ambas escuadras buscando la portería contraria con un juego hilvanado y abriendo a las bandas.

Marcó el Cádiz en el minuto siete, aunque el tanto de Sesma no subió al marcador por entender el colegiado que el canario había partido de una posición ilegal de fuera de juego. No obstante, era un aviso de que los amarillos querían abrir pronto la lata y de una vez por todas resolver, adelantándose primero, con claridad un partido en casa. Tuvo otra ocasión el equipo de Espárrago, pero Sesma no llegó al pase de la muerte que Pavoni había dejado franco. No querían los visitantes ser un combidado de piedra, y trataban también de poner a prueba a Armando, si bien los primeros intentos, con firma de Iván Alonso y Karanka, fueron mansamente a las manos del guardameta cadista.

El comienzo fue bueno, si bien con el paso de los minutos los pimentoneros fueron nivelando el peso del dominio cadista, pasando éstos a tomar la iniciativa en ataque. El gran responsable de este empuje murcianista era Carreras, que por la banda izquierda, fue una pesadilla para Varela, y que sumó muchas internadas que pusieron en apuros a la zaga amarilla. Eran los peores minutos para los pupilos de Espárrago, que sólo conseguía inquietar a Olabe explotando su gallina de los huevos de oro, con acercamientos siempre a balón parado, que esta vez no fueron la panacea esperada.

Afortunadamente, el cuadro murciano no aprovechó sus mejores minutos sobre el césped, y el equipo local pudo rehacerse y volver a llevar la delantera en el desarrollo del juego. Sin embargo, faltaba siempre el último pase para acertar con las redes contrarias, o intentarlo al menos, así que los Oli, Sesma, Pavoni y compañía no disfrutaban de buenos balones con los que hacer el 1-0.

Carranza estuvo a punto de celebrar ese tanto nada más reanudarse el choque tras el descanso. De Quintana, tras un rechace, colgaba el cuero al área y en el segundo palo, Oli, algo escorado, totalmente solo cabeceaba fuera cuando ya muchos preparaban las gargantas para corear el gol. Los primeros minutos de este segundo tiempo ilusionaron a la afición, y es que parecía que los amarillos salían con nuevos bríos, y que el equipo cadista iba a ser un ciclón.

Pero fue sólo un espejismo, porque enseguida el Cádiz se fue desinflando. El partido se iba ralentizando, y carecía del ritmo necesario para romperse. Faltaban ideas en los dos bandos, y el tedio se iba apoderando de los espectadores. El duelo estaba muy igualado, pero ninguno se atrevía a arriesgar un poco más en ataque. No se desesperaba el Cádiz a pesar de que el gol no llegaba, y lo seguía intentado, aunque faltaba frescura arriba para encontrar el camino que conducía al abrelatas que permitiera adelantarse en el marcador.

Conforme se acercaba el final del encuentro, el Murcia daba por bueno el empate, y el Cádiz iba encerrando a los pimentoneros, volcado ya con todo buscando la necesaria victoria. Movió el banquillo Espárrago, dando entrada a Bezares, Fredi y Dani Navarrete, y sentando a Suárez, Enrique y Manolo Pérez. Ya en los últimos minutos el juego era ya un monólogo continuo de los locales, aunque totalmente falto de acierto en el remate final, para desesperación de protagonistas y seguidores. Se conformaba de sobra el cuadro de Casuco con el empate (de hecho perdía tiempo de forma descarada) cuando en una jugada aislada, Iván Alonso controlaba un balón en la esquina, para arañar más segundos. Pero en un despiste defensivo sacaba un centro que acababa rematado por al fondo de las mallas.

Un mazazo tremendo para jugadores e hinchada, que esperemos no tenga más efectos negativos y no afecte más allá de esta tarde. A la vuelta de la esquina espera Balaídos, y los perseguidores han demostrado que no perdonarán ningún otro descuido, aunque por el momento el Cádiz sigue siendo tercero y dependiendo de sí mismo. Sería muy positivo revertir la tendencia de los últimos encuentros dando la machada ante el Celta, el próximo domingo por Canal+.