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General
¡Hola Primera División!

El Cádiz es de Primera División. Con todo el merecimiento, y con todos los honores. Después de los resultados de esta tarde, los amarillos retornan a Primera División, 12 años después, como campeones de Segunda. Y

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El Cádiz es de Primera División. Con todo el merecimiento, y con todos los honores. Después de los resultados de esta tarde, los amarillos retornan a Primera División, 12 años después, como campeones de Segunda. Y no sólo eso: el equipo de Espárrago ha sido el máximo goleador, la escuadra menos goleada, y en sus filas está el Zamora de la categoría. Son demasiados argumentos para que nadie pueda pensar que este ascenso se deba a otra cosa que no sea buen hacer.

Y sin encima se consigue de la forma que se ha hecho hoy, poco más se puede pedir. El Cádiz llegaba a Chapín con la necesidad imperiosa de vencer. Celta y Eibar tenían a priori rivales asequibles, y lo mejor era amarrar una victoria para no tener que estar pendientes de otros marcadores. Además, el eterno rival quería despedirse de su afición "relagándoles" un triunfo sobre el Cádiz y tratar así de frustar su ascenso. La motivación de los azulinos, aunque incomparable con la de los amarillos (por el posible ascenso) era muy alta para no tener nada que hacer ya en la liga.

Las sensaciones sin embargo eran fantásticas antes de empezar la contienda. Todos los jugadores, titulares o no, se fundían en una piña antes de empezar el encuentro, y mientras la grada coreaba sus nombres, ellos aplaudían a los suyos y los alentaban a no parar de animar. Sin duda hay "feeling" entre plantilla y afición.

Seguramente todo cadista haya visto el partido de una forma u otra, y todos pudieron ver lo que ocurrió. El Cádiz salió con precaución, esperando ver como actuaba su rival en los primeros compases. Dejó que el cuadro de Enrique Martín llevara la iniciativa, pero estos, sabedores de como las gasta el Cádiz a la contra, tampoco terminaban de echarse para arriba. La tensión era máxima y nadie se atrevía a dar el primer paso.

Los visitantes no concedían ninguna facilidad en defensa, dejando el juego de ataque hilvanado para cuando la tensión se relajara. Y así llegó el primer gran momento de la tarde, con la espectacular volea de Oli, que levantó a medio Chapín de sus asientos. El juego, algo atascado por parte de ambos contendientes, saltaba por los aires con el 0-1 del asturiano, que cambió por completo la decoración. El Cádiz se zafó de la tensión que atenazaba sus miembros, y empezó a rasear el cuero, dándole mucho más sentido y tiempo a las posesiones de los amarillos.

La segunda parte comenzó con las mismas sensaciones con las que acabó la primera. El Cádiz controlaba el partido, era dueño de la situación, y a la contra, podía matar el choque en cualquier momento. Así llegó el penalti sobre Enrique (que tuvo que ser sustituido con calambres de las carreras que se dio) y que Paz, otra vez, como hiciera en Canarias hace dos temporadas, certificaba el ascenso desde los once metros.

Acto seguido era expulsado Bajic por ver su segunda amonestación, y parecía que todo iba cuesta abajo. Y realmente casi lo fue, puesto que las contras fueron numerosas, algunas de ellas clarísimas como una que remató Oli cuando medio Chapín ya cantaba el tercero. Pero no seríamos justos con la verdad si omitiéramos que los locales nunca dieron el choque por perdido, y pusieron en aprietos en más de una ocasión a Armando, que por enésima vez estuvo fundamental y soberbio, siendo tan importante como el resto de compañeros en la victoria final.

Con un banquillo celebrando por adelantado el ascenso (a pesar de los denodados esfuerzos de Espárrago por mantener a los suyos concentrados hasta el final, el uruguayo, todo profesionalidad), el colegiado señalaba el final del choque y llevaba la fiesta a la grada, que festejó con los suyos lo que tanto tiempo llevaban esperando, para posteriormente, llevar el éxtasis a Puerta Tierra. Y lo que queda, esto ya no nos lo quita nadie.