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El Cádiz acumula una nueva derrota tras caer en su visita al Deportivo de La Coruña por 1-0, tanto que anotó Diego Tristán.
Los primeros instantes del choque tuvieron bastante emoción y llegadas. Primero Tristán en los locales lo intentó con un tiro lejano, y poco después De la Cuesta abrió el capítulo de ocasiones para los amarillos (aunque hoy iban de negro). El colombiano recibía un balón perdido en el área chica y totalmente solo, cabeceaba mansamente. Por desgracia, era también el inicio de errores ante la portería, de los que tanto se hablan últimamente.
Fue sólo un espejismo, porque a reglón seguido el duelo entró en una fase de tanteo en la que nadie ejercía un dominio claro. De hecho, de tener que elegir a un contendiente vencedor a los puntos, todo el que estuviera viendo el partido escogería a los de Espárrago. Aunque por desgracia, se adivinaban detalles muy similares a las últimas comparecencias cadistas: los nuestros llevaban la iniciativa y el peso del choque, pero destellos de calidad del contrario (y el Deportivo va sobrado de este aspecto del juego en hombres como Tristán, Munitis o Valerón) amenazaban con inclinar la balanza. Dos acciones del extremo cántabro significaron los máximos apuros para los zagueros visitantes.
Esto ocurrió hasta aproximadamente la mitad del primer tiempo, porque a partir del minuto 30 el partido se convirtió en un auténtico monólogo del cuadro de Caparrós, que bombardeó a Armando de todas las formas posibles. Con Espárrago teniendo que rehacer su once varias veces por lesiones (Iván Ania dejó su sitio a Sesma y Paz sustituyó a un cojeante De la Cuesta), el Cádiz se defendió como pudo de las acometidas deportivistas, comandadas por un Munitis que revive sus mejores años.
En todas las opciones de ataque de los gallegos, Armando tuvo un papel protagonista. En la primera de ellas de forma negativa, ya que su salida frustrada por alto permitió a Juanma cabecear sin oposición. Por fortuna, el testarazo del onubense se marchó por encima del marco. A partir de ahí el de Sopelana acalló de un carpetazo las críticas que ha recibido en los últimos días. Primero salvó un disparo con mucha rosca de Munitis con una palomita de gran mérito. En el minuto 40 realizó un gran paradón en un remate acrobático de Andrade que ya Riazor cantaba como gol, y ya en el descuento, mismos protagonistas: el central remataba con la testa ajustado al palo, y de nuevo emergía de la nada la mano salvadora del arquero, ante la incrédula mirada de los coruñeses. Parecía un milagro, pero el encuentro se había animado (aunque más le habría valido al Cádiz que no lo hubiera hecho) y los andaluces conseguían irse a vestuarios con su portería a cero.
En la reanudación Armando continúo con su recital (con una parada a cabezazo de Capdevilla), pero ya nada pudo hacer en el disparo de Tristán en el minuto 50. Un robo en la medular pilló saliendo al equipo cadista, pero De Quintana quedó algo más retrasado, y habilitó al delantero sevillano, que no desaprovechó el excelente servicio de Valerón. Estaba claro que dejar tantas opciones a un equipo de la calidad de los blanquiazules sólo podía traer esta consecuencia.
Es una pena que el Cádiz no reaccionara hasta encajar este gol, y es que quitando algunos minutos al comienzo, los de Espárrago apenas habían gozado de la posesión del cuero y por tanto, los argumentos ofensivos habían brillado por su ausencia. Sólo unos minutos más tarde del 1-0, los visitantes fabricaron su mejor jugada en ataque, en una buena triangulación que terminó en un córner que voleó Varela. Su trallazo se fue muy cerca del palo. Harían falta varias acciones como estas si no se quería volver de vacío de Riazor.
Los de Espárrago parecían dispuestos a intentarlo hasta el final. Otra magnífica acción de equipo concluyó con un pase de Sesma a Oli, que empalmó dentro del área el balón, obligando a Molina a convertirse en el Armando del primer tiempo. Y al poco un centro-chut desde la derecha de Estoyanoff se quedaba sin rematar ante la ausencia de efectivos en ataque. Al menos los visitantes enseñaban los dientes y daban esperanzas de poder enderezar la situación.
Pero todo era estéril. Si bien los gaditanos tenían mucha más presencia, las llegadas se producían con cuentagotas, y faltas de opciones claras. El crono avanzaba de forma inevitable hasta traer una nueva derrota que alarga la sequía puntuadora.
Confiemos en que la suerte empiece ya a cambiar pronto.
Los primeros instantes del choque tuvieron bastante emoción y llegadas. Primero Tristán en los locales lo intentó con un tiro lejano, y poco después De la Cuesta abrió el capítulo de ocasiones para los amarillos (aunque hoy iban de negro). El colombiano recibía un balón perdido en el área chica y totalmente solo, cabeceaba mansamente. Por desgracia, era también el inicio de errores ante la portería, de los que tanto se hablan últimamente.
Fue sólo un espejismo, porque a reglón seguido el duelo entró en una fase de tanteo en la que nadie ejercía un dominio claro. De hecho, de tener que elegir a un contendiente vencedor a los puntos, todo el que estuviera viendo el partido escogería a los de Espárrago. Aunque por desgracia, se adivinaban detalles muy similares a las últimas comparecencias cadistas: los nuestros llevaban la iniciativa y el peso del choque, pero destellos de calidad del contrario (y el Deportivo va sobrado de este aspecto del juego en hombres como Tristán, Munitis o Valerón) amenazaban con inclinar la balanza. Dos acciones del extremo cántabro significaron los máximos apuros para los zagueros visitantes.
Esto ocurrió hasta aproximadamente la mitad del primer tiempo, porque a partir del minuto 30 el partido se convirtió en un auténtico monólogo del cuadro de Caparrós, que bombardeó a Armando de todas las formas posibles. Con Espárrago teniendo que rehacer su once varias veces por lesiones (Iván Ania dejó su sitio a Sesma y Paz sustituyó a un cojeante De la Cuesta), el Cádiz se defendió como pudo de las acometidas deportivistas, comandadas por un Munitis que revive sus mejores años.
En todas las opciones de ataque de los gallegos, Armando tuvo un papel protagonista. En la primera de ellas de forma negativa, ya que su salida frustrada por alto permitió a Juanma cabecear sin oposición. Por fortuna, el testarazo del onubense se marchó por encima del marco. A partir de ahí el de Sopelana acalló de un carpetazo las críticas que ha recibido en los últimos días. Primero salvó un disparo con mucha rosca de Munitis con una palomita de gran mérito. En el minuto 40 realizó un gran paradón en un remate acrobático de Andrade que ya Riazor cantaba como gol, y ya en el descuento, mismos protagonistas: el central remataba con la testa ajustado al palo, y de nuevo emergía de la nada la mano salvadora del arquero, ante la incrédula mirada de los coruñeses. Parecía un milagro, pero el encuentro se había animado (aunque más le habría valido al Cádiz que no lo hubiera hecho) y los andaluces conseguían irse a vestuarios con su portería a cero.
En la reanudación Armando continúo con su recital (con una parada a cabezazo de Capdevilla), pero ya nada pudo hacer en el disparo de Tristán en el minuto 50. Un robo en la medular pilló saliendo al equipo cadista, pero De Quintana quedó algo más retrasado, y habilitó al delantero sevillano, que no desaprovechó el excelente servicio de Valerón. Estaba claro que dejar tantas opciones a un equipo de la calidad de los blanquiazules sólo podía traer esta consecuencia.
Es una pena que el Cádiz no reaccionara hasta encajar este gol, y es que quitando algunos minutos al comienzo, los de Espárrago apenas habían gozado de la posesión del cuero y por tanto, los argumentos ofensivos habían brillado por su ausencia. Sólo unos minutos más tarde del 1-0, los visitantes fabricaron su mejor jugada en ataque, en una buena triangulación que terminó en un córner que voleó Varela. Su trallazo se fue muy cerca del palo. Harían falta varias acciones como estas si no se quería volver de vacío de Riazor.
Los de Espárrago parecían dispuestos a intentarlo hasta el final. Otra magnífica acción de equipo concluyó con un pase de Sesma a Oli, que empalmó dentro del área el balón, obligando a Molina a convertirse en el Armando del primer tiempo. Y al poco un centro-chut desde la derecha de Estoyanoff se quedaba sin rematar ante la ausencia de efectivos en ataque. Al menos los visitantes enseñaban los dientes y daban esperanzas de poder enderezar la situación.
Pero todo era estéril. Si bien los gaditanos tenían mucha más presencia, las llegadas se producían con cuentagotas, y faltas de opciones claras. El crono avanzaba de forma inevitable hasta traer una nueva derrota que alarga la sequía puntuadora.
Confiemos en que la suerte empiece ya a cambiar pronto.