Aún no hay reacciones. ¡Sé el primero!
Verdadero vendaval de juego y goles. El Cádiz pasó hoy por encima del Valladolid, aunque hay que darle al resultado el mérito que merece. El rival no fue ni mucho menos, tan débil como puede sugerir el marcador final. Los pucelanos demostraron que la pasada campaña militaban en Primera, y que la siguiente serán un claro candidato a recuperar esa condición. En varias fases del partido pusieron a los amarillos contra las cuerdas, y hasta que no llegó el tercer tanto local, la victoria nunca estuvo clara, al contrario. Por ello esta goleada tiene un gran valor: supone un golpe de efecto muy importante sobre los rivales que juegan esta tarde, y demuestra que el Cádiz tiene madera de equipo campeón: sabe manejar el partido, sufrir cuando hay que hacerlo, y matar a su rival cuando éste se descuida un solo instante.
El partido fue precioso, especialmente en su primera mitad. El comienzo fue eléctrico, con un Cádiz apabullando y queriendo resolver por la vía rápida, acumulando llegadas desde el mismo pitido inicial. La distinta motivación de ambos conjuntos, algo a lo que se había hecho mucha referencia en las ruedas de prensa previas al choque, se hizo patente desde el primer balón. Los de Espárrago estaban mucho más metidos en la pelea, y en diez minutos, ya avisaron algunas veces (con tiros de Oli o Sesma) hasta que finalmente llegó el 1-0, tras obligar Manolo Pérez a Bizarri a despejar sin atajar, cazar el rechace Sesma para que éste centrara y Fleurquin aprovechara toda su fuerza y envergadura para cabecear a las redes. Era sólo el comienzo de un partido loco.
Parecía que el rodillo amarillo iba a pasar por encima de su rival, pero el entusiasmo inicial dio paso a la decepción cuando sólo dos minutos más tarde del primer tanto, Víctor realizó una gran jugada personal para ceder a Castillo, que en el segundo intento, batía a Armando. Otro equipo quizás se habría venido abajo, pero no así este Cádiz que cree ciegamente en sus posibilidades. Vuelta a empezar, igual que si el partido acabara de comenzar, y de la misma manera, llegaría el 2-1. Enrique realizó un regate espectacular en apenas un metro, y donde la mayoría de los jugadores tiran a romper, él cedió al centro para que Pavoni remachara el segundo. No se había cumplido el cuarto de hora y el marcador ya reflejaba un 2-1.
No por ello bajó el ritmo del choque. Cádiz y Valladolid seguían entregados a la tarea de buscar un nuevo gol, uno para aumentar su ventaja, otro neutralizar la de su adversario. Fueron los locales quienes tuvieron las opciones más claras, en dos contras en las que de nuevo Enrique, explosivo en esta primera parte, fue protagonista activo, aunque no con tanta suerte. El nivel de exigencia era endiablado, y ambos equipos decidieron darse una tregua, ya que sabían que si seguían así, no llegarían al minuto 90 con fuerzas. Fueron los minutos que aprovechó el cuadro de Marcos Alonso para acercarse más a Armando, y demostrar que no venían a Cádiz de comparsa. Realidad que quedó claramente contrastada cuando en el minuto 29, un centro medido desde la izquierda lo cabeceaba Castillo de forma espectacular, obligando a Armando a realizar la palomita de la tarde. Sencillamente antológico.
Respondió inmediatamente el Cádiz, con un trallazo de Oli a la escuadra, que se encontró con Bizarri emulando a su compañero. El meta argentino la sacó cuando Carranza cantaba ya el tercero. Fue un espejismo, porque a partir de ahí llegaron los peores minutos del encuentro para los cadistas. Los castellano-leoneses se impusieron en el centro del campo, y los mediapuntas vallisoletanos ganaban la espalda a la zaga amarilla una y otra vez, poniendo en serios apuros al león de Sopelana. El Cádiz se parapetó atrás, y apretó los dientes, sabiendo que esa iba a ser la fase más dura del duelo, y que si la resistían, terminarían por encontrar la falla por la que destrozar a su rival. Con esa consigna, los de Espárrago consiguieron llegar al descanso con la ventaja de su lado.
Sin embargo, la segunda parte comenzó casi como acabó la primera. El cuadro visitante apretaba lo suyo, y el Cádiz, que salió algo frío de vestuarios, no terminaba de entrar en el partido. Los pucelanos rondaban el área, y el empate parecía cuestión de tiempo. Pero como otras tantas veces, Manolo Pérez desatascó al equipo en uno de sus lanzamientos a balón parado. Casi sin darse cuenta, Oli metía el 3-1, que celebró como si del tanto del ascenso se tratara (y es que hacía mucho que el asturiano no marcaba).
Este gol cambió por completo el partido. El Valladolid, sin más motivación que sumar tres puntos por defender su honra, se vino completamente abajo, y la apisonadora amarilla se activó, dispuesta a no perdonar a su rival. Un equipo que quiere ascender no se puede permitir esos lujos. El Cádiz se convirtió de nuevo en ese conjunto totalmente sólido, que sabe jugar con el marcador a favor para no dejar ni un solo espacio a su rival y sentenciarlo para verlo morir. Cada jugada en ataque era medio gol, y la goleada no tardaría en llegar.
Se produjo entonces el otro gran momento de la tarde. Entraba Mirosalvjevic al campo, que viviría su partido más feliz desde que es jugador cadista. Espárrago acierta hasta en los cambios que tiene que hacer, como si supiera lo que el serbio iba a regalar hoy a su afición. Nada más entrar avisó de lo que pretendía hacer luego, mandando un balón al palo. Casi sin tiempo para lamentarse, marcaría dos tantos más, uno empujando a puerta vacía, y otro mandando un obús ante el que Bizarri no pudo hacer nada.
Como es lógico, el partido tocó ahí a su fin, aunque aún faltaban veinte minutos para cumplirse el tiempo reglamentario. Lo único que podía pasar de interés de ahí al final era que hubiera otro gol, como así fue. Nenad cerraba la cuenta con el sexto, tercero en su cuenta particular, siendo así el primer jugador cadista que hace un “hat-trick” esta temporada. Ahí queda eso para sus detractores.
Por tanto, este fin de semana puede ser que ni soñado para los amarillos. Tras la derrota ayer de Celta y sobre todo, el Eibar, y la goleada de hoy, ya muy pocos piensan que el ascenso pueda escaparse. El fútbol sería demasiado cruel con nosotros de ser así. Pero está claro que aquí nadie regala nadie, y más vale no vender ya la piel del oso antes de cazarlo. No cabe duda que la situación es claramente favorable, pero aún quedan cinco jornadas. Un poco más de trabajo, concentración y humildad, y nadie nos podrá robar lo que, con tanto esfuerzo, nuestros jugadores están muy cerca de conseguir.
El partido fue precioso, especialmente en su primera mitad. El comienzo fue eléctrico, con un Cádiz apabullando y queriendo resolver por la vía rápida, acumulando llegadas desde el mismo pitido inicial. La distinta motivación de ambos conjuntos, algo a lo que se había hecho mucha referencia en las ruedas de prensa previas al choque, se hizo patente desde el primer balón. Los de Espárrago estaban mucho más metidos en la pelea, y en diez minutos, ya avisaron algunas veces (con tiros de Oli o Sesma) hasta que finalmente llegó el 1-0, tras obligar Manolo Pérez a Bizarri a despejar sin atajar, cazar el rechace Sesma para que éste centrara y Fleurquin aprovechara toda su fuerza y envergadura para cabecear a las redes. Era sólo el comienzo de un partido loco.
Parecía que el rodillo amarillo iba a pasar por encima de su rival, pero el entusiasmo inicial dio paso a la decepción cuando sólo dos minutos más tarde del primer tanto, Víctor realizó una gran jugada personal para ceder a Castillo, que en el segundo intento, batía a Armando. Otro equipo quizás se habría venido abajo, pero no así este Cádiz que cree ciegamente en sus posibilidades. Vuelta a empezar, igual que si el partido acabara de comenzar, y de la misma manera, llegaría el 2-1. Enrique realizó un regate espectacular en apenas un metro, y donde la mayoría de los jugadores tiran a romper, él cedió al centro para que Pavoni remachara el segundo. No se había cumplido el cuarto de hora y el marcador ya reflejaba un 2-1.
No por ello bajó el ritmo del choque. Cádiz y Valladolid seguían entregados a la tarea de buscar un nuevo gol, uno para aumentar su ventaja, otro neutralizar la de su adversario. Fueron los locales quienes tuvieron las opciones más claras, en dos contras en las que de nuevo Enrique, explosivo en esta primera parte, fue protagonista activo, aunque no con tanta suerte. El nivel de exigencia era endiablado, y ambos equipos decidieron darse una tregua, ya que sabían que si seguían así, no llegarían al minuto 90 con fuerzas. Fueron los minutos que aprovechó el cuadro de Marcos Alonso para acercarse más a Armando, y demostrar que no venían a Cádiz de comparsa. Realidad que quedó claramente contrastada cuando en el minuto 29, un centro medido desde la izquierda lo cabeceaba Castillo de forma espectacular, obligando a Armando a realizar la palomita de la tarde. Sencillamente antológico.
Respondió inmediatamente el Cádiz, con un trallazo de Oli a la escuadra, que se encontró con Bizarri emulando a su compañero. El meta argentino la sacó cuando Carranza cantaba ya el tercero. Fue un espejismo, porque a partir de ahí llegaron los peores minutos del encuentro para los cadistas. Los castellano-leoneses se impusieron en el centro del campo, y los mediapuntas vallisoletanos ganaban la espalda a la zaga amarilla una y otra vez, poniendo en serios apuros al león de Sopelana. El Cádiz se parapetó atrás, y apretó los dientes, sabiendo que esa iba a ser la fase más dura del duelo, y que si la resistían, terminarían por encontrar la falla por la que destrozar a su rival. Con esa consigna, los de Espárrago consiguieron llegar al descanso con la ventaja de su lado.
Sin embargo, la segunda parte comenzó casi como acabó la primera. El cuadro visitante apretaba lo suyo, y el Cádiz, que salió algo frío de vestuarios, no terminaba de entrar en el partido. Los pucelanos rondaban el área, y el empate parecía cuestión de tiempo. Pero como otras tantas veces, Manolo Pérez desatascó al equipo en uno de sus lanzamientos a balón parado. Casi sin darse cuenta, Oli metía el 3-1, que celebró como si del tanto del ascenso se tratara (y es que hacía mucho que el asturiano no marcaba).
Este gol cambió por completo el partido. El Valladolid, sin más motivación que sumar tres puntos por defender su honra, se vino completamente abajo, y la apisonadora amarilla se activó, dispuesta a no perdonar a su rival. Un equipo que quiere ascender no se puede permitir esos lujos. El Cádiz se convirtió de nuevo en ese conjunto totalmente sólido, que sabe jugar con el marcador a favor para no dejar ni un solo espacio a su rival y sentenciarlo para verlo morir. Cada jugada en ataque era medio gol, y la goleada no tardaría en llegar.
Se produjo entonces el otro gran momento de la tarde. Entraba Mirosalvjevic al campo, que viviría su partido más feliz desde que es jugador cadista. Espárrago acierta hasta en los cambios que tiene que hacer, como si supiera lo que el serbio iba a regalar hoy a su afición. Nada más entrar avisó de lo que pretendía hacer luego, mandando un balón al palo. Casi sin tiempo para lamentarse, marcaría dos tantos más, uno empujando a puerta vacía, y otro mandando un obús ante el que Bizarri no pudo hacer nada.
Como es lógico, el partido tocó ahí a su fin, aunque aún faltaban veinte minutos para cumplirse el tiempo reglamentario. Lo único que podía pasar de interés de ahí al final era que hubiera otro gol, como así fue. Nenad cerraba la cuenta con el sexto, tercero en su cuenta particular, siendo así el primer jugador cadista que hace un “hat-trick” esta temporada. Ahí queda eso para sus detractores.
Por tanto, este fin de semana puede ser que ni soñado para los amarillos. Tras la derrota ayer de Celta y sobre todo, el Eibar, y la goleada de hoy, ya muy pocos piensan que el ascenso pueda escaparse. El fútbol sería demasiado cruel con nosotros de ser así. Pero está claro que aquí nadie regala nadie, y más vale no vender ya la piel del oso antes de cazarlo. No cabe duda que la situación es claramente favorable, pero aún quedan cinco jornadas. Un poco más de trabajo, concentración y humildad, y nadie nos podrá robar lo que, con tanto esfuerzo, nuestros jugadores están muy cerca de conseguir.