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Importantísima victoria del Cádiz hoy a domicilio en el Camp Esports de Lérida. No tanto por el juego exhibido, que no fue el mejor de la temporada, sino por lo que reporta a la moral de los jugadores, y que se estaba viendo afectada después de las tres últimas derrotas ligueras, todas ellas cuanto menos, contestables. Estos tres puntos vienen acompañados además del liderato, puesto que el Alavés pinchaba esta mañana en Mendizorroza, con lo que la alegría sobre plantel y afición es doble. Recupera así el equipo amarillo la senda del triunfo, y corta una racha negativa que duraba demasiado.
Y eso que el choque no pudo empezar peor. No habían roto a sudar aún los protagonistas, cuando Sergio hacía el 1-0, en una jugada que se repetiría constantemente durante el encuentro: un libre directo botado por Stankovic, que pese a su veteranía, sigue conservando un guante en su pierna izquierda. Era lo peor que podía ocurrirle a un Cádiz que ya de por sí había empezado nervioso, conscientes de que una nueva derrota dispararía todas las alarmas en la Tacita. Como consecuencia del gol, los de Espárrago quedaron tocados, y fueron un juguete a merced del equipo catalán, que tocaba con mucho criterio y paciencia, ensanchando bien el campo y sin arriesgar el cuero, detrás del que corrían las camisetas amarillas sin apenas olerlo.
Por fortuna para los visitantes, el Lleida manejaba pero carecía de profundidad y no asestó el golpe de gracia a su adversario, que necesitaba un viraje en el encuentro para resucitar. Eso ocurría en el minuto 22, en el primer acercamiento hasta entonces de los visitantes. Dani Navarrete (ahí está el de Tarrasa cuando falte Manolo Pérez) botaba un libre directo que entre Oli y Paz (el árbitro lo concedió al asturiano) remataban solos en el segundo palo, reestableciendo las tablas en el marcador. Gol salvador éste, pues como decimos, el Cádiz no encontraba su sitio sobre el césped leridano.
Este tanto abrió mucho más el partido, y se vieron los mejores minutos del mismo, con ocasiones en ambas porterías. Sergio estuvo a punto de recuperar la ventaja inicial para los suyos, pero con todo para marcar, echaba incomprensible (y afortunadamente para los gaditanos) la pelota fuera. La réplica cadista, poco después en un mano a mano de Sesma con Rangel, en el que salió victorioso el guardameta.
Cada minuto que pasaba daba al equipo andaluz más presencia en el campo y más control del choque, mejorando con mucho la imagen de los primeros compases. Pero no terminaba de conectar en el último pase, y todo parecía abocado al 1-1 para el descanso, cuando Pavoni, al que le hacía mucha falta marcar para ser el deslumbrante jugador que todos conocemos, daba la vuelta al marcador con un voleón impresionante que dejaba mudos a los escasos 4000 espectadores ilerdenses en las gradas.
Pese al mazazo recibido, el equipo de Rubio salió del vestuario con bríos renovados, y arriesgando mucho más, trató durante los primeros minutos de reanudación, encerrar al Cádiz e igualar la contienda. El peligro llegaba siempre de la misma manera, con el balcánico Stankovic ejecutando absolutamente todas las faltas y córners que concedían los de Espárrago. En uno de estos golpes francos, de puro milagro no llegó el 2-2, Armando primero y el poste después, lo evitaron.
Los cadistas bien el tirón, y rápidamente se vio que todo había sido un espejismo. Enseguida pasó el Cádiz a controlar nuevamente el tempo del partido, concediendo la posesión a los azules, pero sin dejarles ningún resquicio por el que incomodar a Armando, y esperando la oportunidad para acabar definitivamente con el partido. Momento clave fue el minuto 66 de encuentro: quien si no, Stankovic, estuvo a punto de nivelar la balanza de nuevo en una falta directa a la que respondió de forma magistral Armando, y en el contragolpe siguiente, Rubén tuvo que frenar a Pavoni en falta para evitar el tercero de los visitantes. La falta era de amarilla, y al ser la segunda, el leridano fue expulsado, quedando el Cádiz con superioridad numérica sobre el piso.
Lo que parecía la ventaja definitiva, quedó pronto anulada, y es que pocos minutos después De Quintana repetía lo mismo que poco antes había hecho Rubén, dejando el partido en un diez contra diez. Saltó entonces al césped Mirosalvjevic. El serbio pudo hacer el 1-3 en dos ocasiones, pero en ambas se encontró con Rangel interponiéndose entre su ansiado gol y él. Pero con la fortuna de que la segunda vez, Sesma merodeaba por allí, y el canario remachaba a placer el tercero y la sentencia definitiva.
Victoria de vital importancia, y que devuelve al Cádiz a la lucha por el ascenso, que se aprieta como nunca tras los triunfos a domicilio de Recre, Celta y Valladolid, y la magnífica racha del Xerez.
Y eso que el choque no pudo empezar peor. No habían roto a sudar aún los protagonistas, cuando Sergio hacía el 1-0, en una jugada que se repetiría constantemente durante el encuentro: un libre directo botado por Stankovic, que pese a su veteranía, sigue conservando un guante en su pierna izquierda. Era lo peor que podía ocurrirle a un Cádiz que ya de por sí había empezado nervioso, conscientes de que una nueva derrota dispararía todas las alarmas en la Tacita. Como consecuencia del gol, los de Espárrago quedaron tocados, y fueron un juguete a merced del equipo catalán, que tocaba con mucho criterio y paciencia, ensanchando bien el campo y sin arriesgar el cuero, detrás del que corrían las camisetas amarillas sin apenas olerlo.
Por fortuna para los visitantes, el Lleida manejaba pero carecía de profundidad y no asestó el golpe de gracia a su adversario, que necesitaba un viraje en el encuentro para resucitar. Eso ocurría en el minuto 22, en el primer acercamiento hasta entonces de los visitantes. Dani Navarrete (ahí está el de Tarrasa cuando falte Manolo Pérez) botaba un libre directo que entre Oli y Paz (el árbitro lo concedió al asturiano) remataban solos en el segundo palo, reestableciendo las tablas en el marcador. Gol salvador éste, pues como decimos, el Cádiz no encontraba su sitio sobre el césped leridano.
Este tanto abrió mucho más el partido, y se vieron los mejores minutos del mismo, con ocasiones en ambas porterías. Sergio estuvo a punto de recuperar la ventaja inicial para los suyos, pero con todo para marcar, echaba incomprensible (y afortunadamente para los gaditanos) la pelota fuera. La réplica cadista, poco después en un mano a mano de Sesma con Rangel, en el que salió victorioso el guardameta.
Cada minuto que pasaba daba al equipo andaluz más presencia en el campo y más control del choque, mejorando con mucho la imagen de los primeros compases. Pero no terminaba de conectar en el último pase, y todo parecía abocado al 1-1 para el descanso, cuando Pavoni, al que le hacía mucha falta marcar para ser el deslumbrante jugador que todos conocemos, daba la vuelta al marcador con un voleón impresionante que dejaba mudos a los escasos 4000 espectadores ilerdenses en las gradas.
Pese al mazazo recibido, el equipo de Rubio salió del vestuario con bríos renovados, y arriesgando mucho más, trató durante los primeros minutos de reanudación, encerrar al Cádiz e igualar la contienda. El peligro llegaba siempre de la misma manera, con el balcánico Stankovic ejecutando absolutamente todas las faltas y córners que concedían los de Espárrago. En uno de estos golpes francos, de puro milagro no llegó el 2-2, Armando primero y el poste después, lo evitaron.
Los cadistas bien el tirón, y rápidamente se vio que todo había sido un espejismo. Enseguida pasó el Cádiz a controlar nuevamente el tempo del partido, concediendo la posesión a los azules, pero sin dejarles ningún resquicio por el que incomodar a Armando, y esperando la oportunidad para acabar definitivamente con el partido. Momento clave fue el minuto 66 de encuentro: quien si no, Stankovic, estuvo a punto de nivelar la balanza de nuevo en una falta directa a la que respondió de forma magistral Armando, y en el contragolpe siguiente, Rubén tuvo que frenar a Pavoni en falta para evitar el tercero de los visitantes. La falta era de amarilla, y al ser la segunda, el leridano fue expulsado, quedando el Cádiz con superioridad numérica sobre el piso.
Lo que parecía la ventaja definitiva, quedó pronto anulada, y es que pocos minutos después De Quintana repetía lo mismo que poco antes había hecho Rubén, dejando el partido en un diez contra diez. Saltó entonces al césped Mirosalvjevic. El serbio pudo hacer el 1-3 en dos ocasiones, pero en ambas se encontró con Rangel interponiéndose entre su ansiado gol y él. Pero con la fortuna de que la segunda vez, Sesma merodeaba por allí, y el canario remachaba a placer el tercero y la sentencia definitiva.
Victoria de vital importancia, y que devuelve al Cádiz a la lucha por el ascenso, que se aprieta como nunca tras los triunfos a domicilio de Recre, Celta y Valladolid, y la magnífica racha del Xerez.