Aún no hay reacciones. ¡Sé el primero!
Victoria agridulce, en este partido típico de la Copa. Este deporte está loco y son partidos así los que hacen que tenga tantos seguidores a lo largo y ancho del globo. Un equipo como el Cádiz, tan falto de puntería en las últimas jornadas, recibía a un Sevilla que presumía de ser los que menos veces habían recogido el esférico de sus redes. Y a los 50 minutos los de Espárrago ganaban por 3-0. Todo parecía sentenciado, pero el Sevilla tiró de jugadas individuales y Carranza pasó de fiesta a alegría moderada. El torneo del KO vuelve a sacar lo mejor de este deporte, pese a que hoy ello nos cueste ir a Sevilla a sufrir. Lo habitual cuando hablamos de nuestro equipo.
Monólogo cadista desde el mismo momento en que el colegio dio el pitido inicial. Sin hacer un juego que enamorara, la constante presión de Benjamín y sobre todo Bezares, acompañados por el resto de sus compañeros (salvando las distancias, similar a como asfixia el Barcelona a sus rivales desde el delantero al portero) hacía que el cuero fluyera únicamente hacia Fondo Sur, cuya portería defendía Notario. Pronto empezaron las ocasiones: un cabezazo de Berizzo (por fin la estrategia volvía a relucir en las jugadas a balón parado), un pase en diagonal de tiralíneas de Estoyanoff que Sesma no supo aprovechar por dos veces, un obús de De Quintana…El Cádiz era el único equipo sobre el campo.
Los centrales sevillistas no daban abasto para despejarlas continuas internadas locales, personificadas sobre todo en Estoyanoff, que estaba en su salsa. Navas bostezaba en su área, el mejor signo de que se estaban haciendo bien las cosas. Seguramente muchos temían que todo terminara en la misma historia que hemos visto últimamente en Carranza, pero por fin la hinchada saltaba de alegría, cuando en el minuto 25, uno de sus preferidos, Mirosaljevic, hacía un auténtico golazo, propio del mejor “nueve”, con un cabezazo de los que ponen en las escuelas de fútbol a los niños, a centro de Estoyanoff.
El gol no calmó el hambre de los de Espárrago, que aprovecharon el estado grogui en que quedó el cuadro hispalense, para seguir buscando las cosquillas a su rival. Todas las injusticias sufridas ante Valencia, Zaragoza, Mallorca y otros se resarcieron cuando al poco Medina, nuevamente tras un centro de Estoyanoff (insistimos, muy activo), remataba también con la testa al fondo de las mallas. Los fieles cadistas se frotaban los ojos ante lo que veían, después de tanta sequía sufrida recientemente. Dos goles en menos de media hora del equipo menos goleador de la liga al que mejor defiende. Ver para creer, y disfrutar.
La presión seguía siendo fundamental. En multitud de ocasiones los defensas o el portero visitantes tuvieron que quitarse el balón de encima regalándolo al adversario. El vendaval cadista era tal, que eran los locales los que parecían jugar la UEFA, en lugar de los de Nervión, y evidentemente, tarde o temprano su calidad tenía que salir a la superficie. Luis Fabiano enseñó, con un trallazo que despejó notablemente Navas. Aunque para trallazo el que ejecutó Estoyanoff en golpe franco desde 30 metros, que iba para gol de bandera y que Notario y los palos evitaron lo que habría sido la sentencia. Imposible irse a vestuarios con mejores sensaciones. Dominio total y absoluto del cuadro de Espárrago.
Estaba claro que algo tenía que cambiar en la segunda parte. El Sevilla tenía que mostrar algo (ya que en el primer acto estuvo inédito) y el Cádiz no podía soportar noventa minutos el intenso ritmo de presión y acoso de que había hecho gala. El dominio territorial era ahora para los hispalenses, pero más por inercia que por conceptos y juego. El único argumento que ponían sobre el tapete los sevillanos para recortar distancias eran desplazamientos largos (un eufemismo de balonazos), y la zaga local se bastaba con no complicarse.
Los amarillos preferían bajar esos balones y buscar a la contra la espalda de los centrales contrarios. Precisamente así llegaría el tercero. Nuevamente Estoyanoff arrancaba desde su banda, arrastraba a toda la defensa con él, cruzaba a Sesma que empalmaba directamente, pero su disparo salía centrado al punto de penalti. Por allí pasaba Martí que no pudo frenarse, y remataba a gol ante la mirada incrédula de Notario.
Cabía pensar que los hispalenses besarían la lona y se abandonarían en lenta agonía hasta morir, pero ya avisábamos de que este equipo no juega en Europa por casualidad, y en cualquier lance la calidad individual podía hacer lo que la táctica y el juego en equipo no habían hecho. Así fue recién cumplido el minuto 72, en una jugada que pilló adelantada a la defensa local, recibiendo Jesuli totalmente solo en el palo largo. En posición acrobática, el extremo la ponía al centro para que Kanouté sólo tuviera que empujar. Hasta el rabo….
El Sevilla puso toda la carne en el asador, con una retahíla interminable de delanteros poblando el área de Navas. Con tanto atacante pisando área, los espacios atrás eran amplísimos y los de Espárrago tuvieron su oportunidad de dar la estocada final en el minuto 84, en una galopada sensacional de Estoyanoff, que acabó con un chut que despejó Notario. Alvés casi repite la mala fortuna de Martí en el tercer tanto, tras rebotarle el cuero. Durante unos segundos eternos parecía que cogía puerta, pero finalmente era repelido por el palo. Emoción a raudales, la Copa en estado puro.
Con un correcalles así, podía pasar cualquier cosa. Y como ocurre en multitud de ocasiones, del tanto en una portería al gol en la contraria. Un excelente pase diagonal de Luis Fabiano habilitó a Adriano que con todo el tiempo del mundo templó para que el gigante Kanouté repitiera tanto a placer. Lo que debía haber sido una fiesta quedaba en alegría agridulce, con todo abierto para dentro de siete días. Ya se sabe, el Cádiz, sufrir hasta el final.
Monólogo cadista desde el mismo momento en que el colegio dio el pitido inicial. Sin hacer un juego que enamorara, la constante presión de Benjamín y sobre todo Bezares, acompañados por el resto de sus compañeros (salvando las distancias, similar a como asfixia el Barcelona a sus rivales desde el delantero al portero) hacía que el cuero fluyera únicamente hacia Fondo Sur, cuya portería defendía Notario. Pronto empezaron las ocasiones: un cabezazo de Berizzo (por fin la estrategia volvía a relucir en las jugadas a balón parado), un pase en diagonal de tiralíneas de Estoyanoff que Sesma no supo aprovechar por dos veces, un obús de De Quintana…El Cádiz era el único equipo sobre el campo.
Los centrales sevillistas no daban abasto para despejarlas continuas internadas locales, personificadas sobre todo en Estoyanoff, que estaba en su salsa. Navas bostezaba en su área, el mejor signo de que se estaban haciendo bien las cosas. Seguramente muchos temían que todo terminara en la misma historia que hemos visto últimamente en Carranza, pero por fin la hinchada saltaba de alegría, cuando en el minuto 25, uno de sus preferidos, Mirosaljevic, hacía un auténtico golazo, propio del mejor “nueve”, con un cabezazo de los que ponen en las escuelas de fútbol a los niños, a centro de Estoyanoff.
El gol no calmó el hambre de los de Espárrago, que aprovecharon el estado grogui en que quedó el cuadro hispalense, para seguir buscando las cosquillas a su rival. Todas las injusticias sufridas ante Valencia, Zaragoza, Mallorca y otros se resarcieron cuando al poco Medina, nuevamente tras un centro de Estoyanoff (insistimos, muy activo), remataba también con la testa al fondo de las mallas. Los fieles cadistas se frotaban los ojos ante lo que veían, después de tanta sequía sufrida recientemente. Dos goles en menos de media hora del equipo menos goleador de la liga al que mejor defiende. Ver para creer, y disfrutar.
La presión seguía siendo fundamental. En multitud de ocasiones los defensas o el portero visitantes tuvieron que quitarse el balón de encima regalándolo al adversario. El vendaval cadista era tal, que eran los locales los que parecían jugar la UEFA, en lugar de los de Nervión, y evidentemente, tarde o temprano su calidad tenía que salir a la superficie. Luis Fabiano enseñó, con un trallazo que despejó notablemente Navas. Aunque para trallazo el que ejecutó Estoyanoff en golpe franco desde 30 metros, que iba para gol de bandera y que Notario y los palos evitaron lo que habría sido la sentencia. Imposible irse a vestuarios con mejores sensaciones. Dominio total y absoluto del cuadro de Espárrago.
Estaba claro que algo tenía que cambiar en la segunda parte. El Sevilla tenía que mostrar algo (ya que en el primer acto estuvo inédito) y el Cádiz no podía soportar noventa minutos el intenso ritmo de presión y acoso de que había hecho gala. El dominio territorial era ahora para los hispalenses, pero más por inercia que por conceptos y juego. El único argumento que ponían sobre el tapete los sevillanos para recortar distancias eran desplazamientos largos (un eufemismo de balonazos), y la zaga local se bastaba con no complicarse.
Los amarillos preferían bajar esos balones y buscar a la contra la espalda de los centrales contrarios. Precisamente así llegaría el tercero. Nuevamente Estoyanoff arrancaba desde su banda, arrastraba a toda la defensa con él, cruzaba a Sesma que empalmaba directamente, pero su disparo salía centrado al punto de penalti. Por allí pasaba Martí que no pudo frenarse, y remataba a gol ante la mirada incrédula de Notario.
Cabía pensar que los hispalenses besarían la lona y se abandonarían en lenta agonía hasta morir, pero ya avisábamos de que este equipo no juega en Europa por casualidad, y en cualquier lance la calidad individual podía hacer lo que la táctica y el juego en equipo no habían hecho. Así fue recién cumplido el minuto 72, en una jugada que pilló adelantada a la defensa local, recibiendo Jesuli totalmente solo en el palo largo. En posición acrobática, el extremo la ponía al centro para que Kanouté sólo tuviera que empujar. Hasta el rabo….
El Sevilla puso toda la carne en el asador, con una retahíla interminable de delanteros poblando el área de Navas. Con tanto atacante pisando área, los espacios atrás eran amplísimos y los de Espárrago tuvieron su oportunidad de dar la estocada final en el minuto 84, en una galopada sensacional de Estoyanoff, que acabó con un chut que despejó Notario. Alvés casi repite la mala fortuna de Martí en el tercer tanto, tras rebotarle el cuero. Durante unos segundos eternos parecía que cogía puerta, pero finalmente era repelido por el palo. Emoción a raudales, la Copa en estado puro.
Con un correcalles así, podía pasar cualquier cosa. Y como ocurre en multitud de ocasiones, del tanto en una portería al gol en la contraria. Un excelente pase diagonal de Luis Fabiano habilitó a Adriano que con todo el tiempo del mundo templó para que el gigante Kanouté repitiera tanto a placer. Lo que debía haber sido una fiesta quedaba en alegría agridulce, con todo abierto para dentro de siete días. Ya se sabe, el Cádiz, sufrir hasta el final.