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Que buena pinta tiene este Cádiz. Cada siete días mejora su anterior actuación de forma ostensible. Lo de hoy ha sido ya para caer en el éxtasis. Con un rival enfrente que quita el hipo al leer sus nombres, y que llegaba a Carranza con la necesidad de, al menos, llevarse un punto; los de Víctor Espárrago los han bailado, han hecho sus goles, han aguantado bien atrás, y han podido conseguir un resultado de escándalo de haber estado más acertados en los contragolpes. Un diez para todos.
El Cádiz salió desde el principio dejando claras sus intenciones. Posesión de balón, seguridad atrás, y movimiento arriba para buscar la espalda a la defensa rival. El equipo ha dado un salto de calidad con la recuperación de Pavoni (alabado sea Don Matías), que ha abierto juego a las bandas, que han sido puñales. En el primer cuarto de partido sólo había un equipo sobre el campo, y ese era el Cádiz. Marcó incluso el Cádiz, aunque el tanto fue correctamente anulado.
Sólo faltaba el gol, y llegó de la forma más inesperada. Con el Cádiz bordándolo, el tanto fue precedido de un garrafal fallo de Méndez, que hizo una peligrosa cesión atrás que Oli, listo como siempre, cazó para encarar a Pinto, engañarlo con la cintura, y con la zurda (su menos buena) ajustarla al palo. La grada celebraba el gol casi en trance.
Tras el gol llegaron los mejores minutos de un Celta mermado por las lesiones durante la semana, y la pérdida en el minuto 22 de Gustavo López, que tuvo que abandonar el césped. Los gallegos pasaron a dominar la zona ancha y supieron abrir juego a las bandas. El Cádiz se defendía bien pero el Celta tiene mucha calidad y se fabricó sus ocasiones. La más clara, una internada por la derecha de Capucho que se presentó solo ante Armando, al que fusiló, pero el meta vasco, enorme en la mañana de hoy, despejó a córner. Fue la mejor oportunidad de los de Fernando Vázquez, que tuvieron que marcharse al descanso con el marcador en contra.
El descanso le vino de maravilla a los locales. La segunda parte empezó exactamente igual que lo hizo la primera, con un Cádiz cercando el portal de Pinto, utilizando como arma ofensiva la entrada por las bandas. Dani Navarrete, a modo de advertencia, estuvo a punto de hacer el segundo tras una jugada por la banda que acabó en un testarazo del catalán que se fue rozando el palo. Y sólo minutos después una jugada idéntica era rematada, esta vez sí, por Pavoni al fondo de la red, tras un centro medido de Varela (que ya lleva dos jornadas seguidas poniendo asistencias de gol).
A partir de aquí el Celta ya puso toda la carne en el asador intentando recortar distancias. Juan Sánchez saltó al terreno de juego, pero no fue la panacea que necesitaban los celtiñas. A partir de aquí vimos al seguro Cádiz en defensa que acumula ya cuatro encuentros consecutivos sin recoger balones de las redes. En esta magnífica estadística también tiene mucho que ver Armando, que ha vuelto a ser San Armando. El meta cadista hizo algunas paradas de méritos en momentos clave. La más destacada en el minuto 20 de segundo tiempo, en que Juan Sánchez recibió un maravilloso pase en profunidad para plantarse ante el de Sopelana, que reaccionó como un gato, evitando un 2-1 que sin duda habría llevado el nerviosismo a los locales y habría envalentonado a los de Vázquez.
Sin embargo esta reacción fue sólo un espejismo. La realidad es que estuvo mucho más cerca de llegar el 3-0 que el 2-1. La desesperación del Celta dejó muchos espacios atrás que el Cádiz aprovechó para entrar una y mil veces con mucha claridad. Pero los amarillos no quisieron hacer sangre y pese a que lo intentaron, no pudieron hacer el tercero. Dani Navarrete, Manolo Pérez y sobre todo Enrique dispusieron de las más claras oportunidades que habrían llevado el éxtasis a la hinchada amarilla, pero fueron muchas más. A nadie que viera el partido le habría extrañado que el resultado final hubiese sido 4-0.
Para entonces hacía ya rato que los gallegos habían bajado los brazos y no atisbaban la posibilidad de ajustar el marcador, así que fueron pasando los minutos hasta que el árbitro levantó los brazos hacia arriba, hacia donde el Cádiz se dirige a toda velocidad en la tabla clasificatoria.
Momento dulce ahora que vienen partidos muy complicados en El Ferrol, en Copa ante el Poli Ejido y en casa ante el Alavés.
El Cádiz salió desde el principio dejando claras sus intenciones. Posesión de balón, seguridad atrás, y movimiento arriba para buscar la espalda a la defensa rival. El equipo ha dado un salto de calidad con la recuperación de Pavoni (alabado sea Don Matías), que ha abierto juego a las bandas, que han sido puñales. En el primer cuarto de partido sólo había un equipo sobre el campo, y ese era el Cádiz. Marcó incluso el Cádiz, aunque el tanto fue correctamente anulado.
Sólo faltaba el gol, y llegó de la forma más inesperada. Con el Cádiz bordándolo, el tanto fue precedido de un garrafal fallo de Méndez, que hizo una peligrosa cesión atrás que Oli, listo como siempre, cazó para encarar a Pinto, engañarlo con la cintura, y con la zurda (su menos buena) ajustarla al palo. La grada celebraba el gol casi en trance.
Tras el gol llegaron los mejores minutos de un Celta mermado por las lesiones durante la semana, y la pérdida en el minuto 22 de Gustavo López, que tuvo que abandonar el césped. Los gallegos pasaron a dominar la zona ancha y supieron abrir juego a las bandas. El Cádiz se defendía bien pero el Celta tiene mucha calidad y se fabricó sus ocasiones. La más clara, una internada por la derecha de Capucho que se presentó solo ante Armando, al que fusiló, pero el meta vasco, enorme en la mañana de hoy, despejó a córner. Fue la mejor oportunidad de los de Fernando Vázquez, que tuvieron que marcharse al descanso con el marcador en contra.
El descanso le vino de maravilla a los locales. La segunda parte empezó exactamente igual que lo hizo la primera, con un Cádiz cercando el portal de Pinto, utilizando como arma ofensiva la entrada por las bandas. Dani Navarrete, a modo de advertencia, estuvo a punto de hacer el segundo tras una jugada por la banda que acabó en un testarazo del catalán que se fue rozando el palo. Y sólo minutos después una jugada idéntica era rematada, esta vez sí, por Pavoni al fondo de la red, tras un centro medido de Varela (que ya lleva dos jornadas seguidas poniendo asistencias de gol).
A partir de aquí el Celta ya puso toda la carne en el asador intentando recortar distancias. Juan Sánchez saltó al terreno de juego, pero no fue la panacea que necesitaban los celtiñas. A partir de aquí vimos al seguro Cádiz en defensa que acumula ya cuatro encuentros consecutivos sin recoger balones de las redes. En esta magnífica estadística también tiene mucho que ver Armando, que ha vuelto a ser San Armando. El meta cadista hizo algunas paradas de méritos en momentos clave. La más destacada en el minuto 20 de segundo tiempo, en que Juan Sánchez recibió un maravilloso pase en profunidad para plantarse ante el de Sopelana, que reaccionó como un gato, evitando un 2-1 que sin duda habría llevado el nerviosismo a los locales y habría envalentonado a los de Vázquez.
Sin embargo esta reacción fue sólo un espejismo. La realidad es que estuvo mucho más cerca de llegar el 3-0 que el 2-1. La desesperación del Celta dejó muchos espacios atrás que el Cádiz aprovechó para entrar una y mil veces con mucha claridad. Pero los amarillos no quisieron hacer sangre y pese a que lo intentaron, no pudieron hacer el tercero. Dani Navarrete, Manolo Pérez y sobre todo Enrique dispusieron de las más claras oportunidades que habrían llevado el éxtasis a la hinchada amarilla, pero fueron muchas más. A nadie que viera el partido le habría extrañado que el resultado final hubiese sido 4-0.
Para entonces hacía ya rato que los gallegos habían bajado los brazos y no atisbaban la posibilidad de ajustar el marcador, así que fueron pasando los minutos hasta que el árbitro levantó los brazos hacia arriba, hacia donde el Cádiz se dirige a toda velocidad en la tabla clasificatoria.
Momento dulce ahora que vienen partidos muy complicados en El Ferrol, en Copa ante el Poli Ejido y en casa ante el Alavés.