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General
Cuestión de puntería

El fútbol lo ganan los que marcan goles. Es una máxima sencilla pero que por desgracia no siempre se puede llevar a cabo. El Cádiz lo hizo hoy todo bien, bordó el partido en lo táctico y generó muchísimas o

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El fútbol lo ganan los que marcan goles. Es una máxima sencilla pero que por desgracia no siempre se puede llevar a cabo. El Cádiz lo hizo hoy todo bien, bordó el partido en lo táctico y generó muchísimas ocasiones de gol. Pero faltó dinamita arriba, y por desgracia, el casillero de goles volvió a quedarse a cero. El Alavés estuvo anulado durante muchos minutos y seguro que se va contento de Carranza, porque lo cierto es que los locales hicieron muchos más méritos para llevarse los tres puntos. Ahora queda viajar a Mallorca y explotar el rendimiento como visitantes para abandonar el vagón de cola.

Partido de importancia capital. Eso es lo mínimo que se ha dicho durante la semana respecto a este encuentro, y la creciente presión que ha habido estos días se dejó notar sobre el terreno de juego. Las dos escuadras se mostraban timoratas, agarrotadas, mucho más interesadas en salvaguardar a sus porteros que en asustar al contrario. No obstante, apenas se hubo puesto el balón en juego, los vascos pusieron el miedo en el cuerpo a los locales, en un primer remate de Aloisi que por fortuna se marchó fuera.

Fue lo único que hicieron los de Piterman, ya que inmediatamente después, y de forma cada vez más creciente, el Cádiz fue creciendo y haciéndose dueño total del partido. Las llegadas, con Estoyanoff nuevamente en papel protagonista (el uruguayo realizó algunas jugadas de esas que vemos en los anuncios de las grandes marcas deportivas), eran siempre contra la portería de Bonano, y además con mucho peligro. Estoyanoff en un tiro cruzado o Fleurquin con un potente disparo desde fuera, materializaron este dominio que ya mediada la primera parte, era asedio total. La afición se animaba por momentos, viendo a su equipo uno de sus partidos más ofensivos durante la presente campaña.

No cejaba el Cádiz en su empeño por marcar, contra un Alavés al que no le llegaba la camisa al cuello, y que se había instalado de forma definitiva en su área. Medina tuvo rondando la media hora la ocasión más clara para haber inaugurado el marcador, en un cabezazo a la salida de un córner que se fue rozando el palo. Inmediatamente después, en otra jugada a balón parado, De Quintana tuvo también su oportunidad, pero su disparo pegó en un contrario cuando enfilaba ya la portería.

Pero a pese la ingente superioridad y las numerosas ocasiones del conjunto amarillo, los de Espárrago tuvieron que irse a vestuarios en el descanso con el marcador inalterado.

A punto estuvo de encontrar la recompensa a su buen trabajo el Cádiz en el primer minuto de la reanudación. Paz se encontró con un rechace tras falta botada por Estoyanoff, y mandó un mísil a bocajarro contra Bonano, que olía a 1-0 a kilómetros. Pero el arquero alavesista sacó una mano imposible, y cambió el “goool” de la grada por un doloroso “uy”, para incredulidad y asombro de los presentes.

No se cansaba el Cádiz, que estaba decidido a no permitir que su rival le birlara un punto en un duelo de capital importancia. Sesma fue el siguiente en probar suerte, pero el canario empalmó muy alto su propio autopase. Y sólo unos segundos después, Lucas Lobos intentó sorprender desde lejos a Bonano, y no le faltó mucho al argentino.

Algún lector de Vitoria puede pensar a estas alturas de crónica que sólo reflejamos las acciones de peligro del Cádiz, pero no es así. El Alavés no generaba ninguna sensación de ataque, nada que hiciera pensar que los de Mario Luna podían marcar. Exceptuando el intento del primer minuto, ya nunca más se acercaron al portal de Limia, hasta el minuto 57, pero cuando lo hicieron, disfrutaron de la ocasión más clara del choque. En segunda jugada tras una falta muy centrada, Astudillo cazó el rechace y fusiló a Limia, que realizó una parada antológica, haciendo gala de unos reflejos de felino. Adiós a los fantasmas que algunos han querido ver esta semana bajo los palos del marco amarillo.

Esto sirvió para que los alavesistas se decidieran por fin a salir de su área. Los albiazules adelantaron líneas y recuperaron parte del inmenso terreno que habían perdido. El Cádiz seguía dominando, pero ya no era un abuso continuado. De hecho, los amarillos (hoy de verde) redujeron sus llegadas para que los vascos empezaran a asomarse con más facilidad a los dominios locales. El Cádiz perdió profundidad por las bandas, aunque Lucas Lobos acudió al rescate de los suyos, continuamente mostrándose en ataque y sin asustarse, manteniendo siempre la posesión y jugando una y otra vez con criterio.

Volvía a la carga el cuadro local alrededor del minuto 75, con un chut de Raúl López que durante varios segundos pareció que enfilaba puerta, para luego salir besando el palo. Ambos contendientes acumulaban ocasiones, en un choque más abierto de lo que habría cabido esperar a priori, pero donde estaba claro que aquel que marcara primero casi con total seguridad dejaría sin capacidad de reacción al contrario y se llevaría el gato al agua.

En los últimos minutos el partido se rompió y se convirtió en un correcalles, con llegadas en ambas áreas. Nuevamente asustó el Alavés con un trallazo de Jandro que se fue contra el larguero, tras un leve contacto de Limia. Avanzaba el crono y la emoción iba en aumento. Nadie se movía en el Carranza.

Aunque por desgracia el marcador no se movería, y gracias. Porque tuvo una última ocasión el cuadro visitante que heló la sangre a los presentes. Finalmente concluyó el duelo con el mismo marcador con el que empezó. Toca dar la campanada en Mallorca para salir por fin de los puestos de descenso. No hay tiempo para echar la vista atrás.