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Ya avisaban esta semana los futbolistas gaditanos de los peligros del rival de hoy, pero con todo el equipo armero realizó su ejercicio preferido esta temporada: esperar atrás sin prisa, aguantando bien el resultado, y aprovechar con los hombres de calidad de arriba que el rival fallara en defensa. Así lo hizo Llorente al cuarto de hora, y así lo hizo Silva cuando faltaban poco menos de tres minutos. El vídeo del encuentro es calcado al de otros partidos a domicilio del Eibar, cambiando la camiseta del rival. Sin ir más lejos, la semana pasada en El Ferrol ganaro de forma casi idéntica. Se queda el Cádiz con cara de tonto y tocado después de los dos palos recibidos ante los suyos.
No empezó bien el partido para el Cádiz, y es que el Eibar salió más entonado en los primeros minutos, aprovechando al máximo sus principales cualidades. El equipo visitante presionaba por todo el campo a los amarillos, que siempre tenían una camiseta azulgrana rondando por sus inmediaciones. Asfixiaba tanto la escuadra vasca que en el minuto 14 se adelantaba en el marcador, en un gol muy típico de ellos: robo de balón, contragolpe, y el siempre presente Llorente hacía el 0-1.
Cualquiera que no estuviera viendo el partido, y conociendo los antecedentes con los que llegaba el conjunto de Espárrago a este encuentro, podría pensar que el nerviosismo se hizo presa de los futbolistas locales. Pero nada más lejos de la realidad. La filosofía del técnico se nota sobre el césped, y a nadie le entraron las prisas. Al contrario, el equipo amarillo hizo su juego, el que lo aúpo al liderato semanas atrás, y habían pasado sólo siete minutos del tanto de Llorente cuando Sesma (vaya como está el canario últimamente) nivelaba el duelo.
El empate dio más alas aún a la afición y ésta a los suyos, que se comieron a sus oponentes. Sólo había un equipo sobre el campo, y toda la presión que durante los primeros minutos habían practicado los de Mendilibar con tan buen criterio, se volvió fútil gracias al buen criterio de los de casa, que la movían por todo el piso. Fueron muchas las ocasiones de que dispusieron los delanteros cadistas, aunque por desgracia, unas veces por acierto del guardameta eibarrés, otras por deméritos de Oli, Sesma y compañía, no se movería el marcador de 1-1, con el que se llegaría al descanso.
Regresaron los equipos al campo, y el dominio continúo siendo local, aunque ya sin la misma intensidad que vimos en los últimos veinte minutos de la primera mitad. Controlaba ahora mejor el equipo guipuzcoano las embestidas del Cádiz, y éste no terminaba de conectar con sus delanteros, el último pase no salía nunca. El partido se fue diluyendo, y pasó por minutos muy aburridos, en los que el Eibar se encontraba cómodo con el empate, y el conjunto amarillo, carecía de la frescura y claridad de idea necesarias para poner en apuros el portal defendido por Iraizoz.
Se abrió un halo de esperanza cuando mediada la segunda mitad, el equipo armero se quedaba por un jugador menos, ya que Fagoaga vio la roja directa por una entrada terrorífica. Pero curiosamente, fue el Eibar quien salió más lanzado tras esta jugada. El cuadro de Mendilibar se situó muy bien el campo, e incluso dispuso de alguna ocasión para haberse adelantado de nuevo en el marcador. Todo lo contrario que el Cádiz, que seguía perdido y no inquietaba lo más mínimo al guardameta rival.
Así las cosas, Espárrago no tuvo más remedio que poner toda la carne en el asador, y dio entrada a Mirosalvjevic para sentar a De Quintana, y es que los vascos iban ya a por el empate sin ocultarlo. La entrada del serbio en el partido despertó a sus compañeros, y ahora sí se vio al Cádiz vivo y mordaz que arrinconó a su rival. Sesma y Oli bien pudieron haber hecho el 2-1, pero definitivamente la suerte se ha mudado a otro sitio. Algo que se constata con lo que ocurrió poco después. En una de las escasísimas internada del equipo visitante Silva cazaba un rechace en el área y fusilaba a Armando, que nada pudo hacer.
El Eibar repetía el mismo esquema que ha hecho ya tantas veces esta temporada. Los azulgrana venían de ganar en El Ferrol con los mismos argumentos (gol en contragolpe en el minuto 91) y realizaban la misma hazaña en Carranza. El mazazo fue tremendo para la afición y futbolistas cadistas, que no pudieron levantarse. Si hasta ese momento la escuadra armera se había atrincherado en su campo, no digamos tras el 1-2. Lo intentó con todo el Cádiz, pero ya con corazón y sin ninguna cabeza, y no se movería ya el marcador.
No empezó bien el partido para el Cádiz, y es que el Eibar salió más entonado en los primeros minutos, aprovechando al máximo sus principales cualidades. El equipo visitante presionaba por todo el campo a los amarillos, que siempre tenían una camiseta azulgrana rondando por sus inmediaciones. Asfixiaba tanto la escuadra vasca que en el minuto 14 se adelantaba en el marcador, en un gol muy típico de ellos: robo de balón, contragolpe, y el siempre presente Llorente hacía el 0-1.
Cualquiera que no estuviera viendo el partido, y conociendo los antecedentes con los que llegaba el conjunto de Espárrago a este encuentro, podría pensar que el nerviosismo se hizo presa de los futbolistas locales. Pero nada más lejos de la realidad. La filosofía del técnico se nota sobre el césped, y a nadie le entraron las prisas. Al contrario, el equipo amarillo hizo su juego, el que lo aúpo al liderato semanas atrás, y habían pasado sólo siete minutos del tanto de Llorente cuando Sesma (vaya como está el canario últimamente) nivelaba el duelo.
El empate dio más alas aún a la afición y ésta a los suyos, que se comieron a sus oponentes. Sólo había un equipo sobre el campo, y toda la presión que durante los primeros minutos habían practicado los de Mendilibar con tan buen criterio, se volvió fútil gracias al buen criterio de los de casa, que la movían por todo el piso. Fueron muchas las ocasiones de que dispusieron los delanteros cadistas, aunque por desgracia, unas veces por acierto del guardameta eibarrés, otras por deméritos de Oli, Sesma y compañía, no se movería el marcador de 1-1, con el que se llegaría al descanso.
Regresaron los equipos al campo, y el dominio continúo siendo local, aunque ya sin la misma intensidad que vimos en los últimos veinte minutos de la primera mitad. Controlaba ahora mejor el equipo guipuzcoano las embestidas del Cádiz, y éste no terminaba de conectar con sus delanteros, el último pase no salía nunca. El partido se fue diluyendo, y pasó por minutos muy aburridos, en los que el Eibar se encontraba cómodo con el empate, y el conjunto amarillo, carecía de la frescura y claridad de idea necesarias para poner en apuros el portal defendido por Iraizoz.
Se abrió un halo de esperanza cuando mediada la segunda mitad, el equipo armero se quedaba por un jugador menos, ya que Fagoaga vio la roja directa por una entrada terrorífica. Pero curiosamente, fue el Eibar quien salió más lanzado tras esta jugada. El cuadro de Mendilibar se situó muy bien el campo, e incluso dispuso de alguna ocasión para haberse adelantado de nuevo en el marcador. Todo lo contrario que el Cádiz, que seguía perdido y no inquietaba lo más mínimo al guardameta rival.
Así las cosas, Espárrago no tuvo más remedio que poner toda la carne en el asador, y dio entrada a Mirosalvjevic para sentar a De Quintana, y es que los vascos iban ya a por el empate sin ocultarlo. La entrada del serbio en el partido despertó a sus compañeros, y ahora sí se vio al Cádiz vivo y mordaz que arrinconó a su rival. Sesma y Oli bien pudieron haber hecho el 2-1, pero definitivamente la suerte se ha mudado a otro sitio. Algo que se constata con lo que ocurrió poco después. En una de las escasísimas internada del equipo visitante Silva cazaba un rechace en el área y fusilaba a Armando, que nada pudo hacer.
El Eibar repetía el mismo esquema que ha hecho ya tantas veces esta temporada. Los azulgrana venían de ganar en El Ferrol con los mismos argumentos (gol en contragolpe en el minuto 91) y realizaban la misma hazaña en Carranza. El mazazo fue tremendo para la afición y futbolistas cadistas, que no pudieron levantarse. Si hasta ese momento la escuadra armera se había atrincherado en su campo, no digamos tras el 1-2. Lo intentó con todo el Cádiz, pero ya con corazón y sin ninguna cabeza, y no se movería ya el marcador.