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General
Amargo turrón

Los amarillos acudían hoy a Anoeta con la fortísima necesidad de ganar, o por lo menos, puntuar, y romper la mala racha que está arrastrando a los nuestros a los puestos mas duros de la clasificación. Pero la verdad es que quit

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Los amarillos acudían hoy a Anoeta con la fortísima necesidad de ganar, o por lo menos, puntuar, y romper la mala racha que está arrastrando a los nuestros a los puestos mas duros de la clasificación. Pero la verdad es que quitando el último cuarto de hora, el Cádiz fue inocente, muy cómodo para una Real que sin hacer prácticamente nada se llevó tres fáciles puntos. Todo ello a pesar de la imperante necesidad de sumar, y de los cambios en la alineación.

Comenzaba la Real Sociedad interpretando el papel esperado, presionando a su rival y buscando con mucho ahínco la portería de Armando. Al Cádiz, le quedaba aguantar el chaparrón inicial y luego, con las aguas más tranquilas, comenzar a fabricar espacios. Eso es lo que se suele ver en la mayoría de partidos, pero por desgracia en esta ocasión, el tradicional empuje inicial terminó con el 1-0 para los locales. Un error en una floja cesión atrás de Marc Bertrán deja el cuero franco a Gabilondo, que solo tiene que encarar a Armando, evitarlo y marcar a placer. Demasiado regalo de un equipo al que le cuesta tanto hacer goles.

Seguramente la mayoría de los cadistas temerían, nada más ver marcar a los donostiarras, que su equipo podría venirse abajo tras encajar un gol en estas condiciones, pero por fortuna no fue así. De hecho los visitantes estuvieron cerca de empatar al poco. Primero con un centro de Enrique tras una excelente jugada por la banda derecha, que no encontró rematador, y luego en un cabezazo de De Quintana que llegó manso a Riesgo. La mejor oportunidad fue para Pavoni, que en un control orientado exquisito en el área se revolvió y sacó un latigazo que atajó el guardameta realista.

Eran los mejores momentos del cuadro andaluz, que aprovechaba el paso atrás que había dado su rival. Conscientes de que esto les ha costado muchas remontadas, los vascos decidieron volver a irse arriba, y el Cádiz entró en su fase más oscura. El centro del campo no estaba acertado, y el único argumento ofensivo de los de Espárrago eran balonazos largos, muy cómodos de defender para unos zagueros de tanta envergadura. La sensación era que el Cádiz era un equipo muy inocente y que difícilmente pondría en peligro el triunfo de los de Amorrortu. Casi había que dar gracias, ya que Jáuregui en un remate de cabeza totalmente solo, y luego Uranga en una contra, pudieron hacer el segundo, lo que habría puesto las cosas muy feas.

Resucitaba Fleurquin a los suyos con un remate picado de cabeza que obligó a Riesgo a lucirse en una bonita estirada. Aunque fuera a balón parado, era bueno ver que el Cádiz tenía balas para tirar, ahora faltaba que éstas dieran en el blanco. Argumento que se consolidó poco después en otra jugada de triangulación entre Pavoni y Enrique, pero desafortunadamente, un defensa despejaba a córner el pase de la muerte del extremeño. Se veía otra alegría en los amarillos, que buscaban más el balón raso en profundidad que no la sorpresa por alto, técnica mucho más efectiva. Los de Espárrago merodeaban cada vez más las inmediaciones de Riesgo, y hacían méritos para empatar. Pero los jugadores se fueron a la ducha con el marcador en contra.

La segunda parte fue impropia de la Primera División. Hasta los 20 minutos de la reanudación no pasó absolutamente nada señalable. El juego era embarullado,sin desbordes o triangulación. Nada que recordara a lo visto últimos minutos del primer tiempo, que daba esperanzas a pensar en un mejor resultado para los amarillos.

En el minuto 65 Pavoni vio su segunda amarilla, perdiendo el Cádiz a su mejor futbolista en el día de hoy, el único que había visto algo de juego entre líneas. La Real Sociedad lo vio claro: tocar consumiendo el mayor tiempo posible y esperar que la zaga amarilla dejara un hueco para sentenciar. Por su parte Espárrago quemaba todas las naves dando entrada a Mirosalvjevic y Oli. Ya únicamente quedaba la heroica.

Heroica que se fue al traste muy poco después, con el penalti de Fleurquin. Un penalti absurdo e innecesario, pero que habría que ver si en otro campo y con otro protagonista se pitaría. Xavi Prieto, el mejor de los realistas, no desaprovechó el regalo, y liberaba la guillotina que ejecutaba a un Cádiz que con su juego, había metido la cabeza demasiadas veces debajo de la cuchilla. Al final le terminó pillando el cuello.

Los de Espárrago se quedaron totalmente en blanco, y la tragedia pudo ser de dimensiones mucho mayores. Afortunadamente, los guipuzcoanos no estuvieron acertados para hacer el tercero, y dolorosamente, los aficionados amarillos seguramente deseaban que el choque diera ya a su fin. No en vano seguramente sería de los peores visto a los suyos en toda la temporada. Ojalá el nuevo año traiga un cambio drástico en el rumbo que lleva la nave cadista.