Tranquilo amigo, que ya queda menos. Pon la música y lee.
Me encuentro ante mi ventana pensando, haciendo cuentas y observando como fluyen las olas del mar una tras otra sin finalizar su precioso contoneo y me pregunto: ¿Qué pasará? ¿Cuál será nuestro destino?
De repente entre el mar y yo, pasa una paloma que se posa en lo alto de una gran farola. Vuela. Se va. ¿Qué habrá querido decir?
“No todo en la vida tiene explicación, hijo” Esas fueron las palabras de mi abuelo que más me llegaron al corazón. Y así me siento yo ante esta situación de impotencia que vivimos en estos días. Sin explicación, sin ganas, con muchas ganas…
No me siento quién para poder subirte la moral compañero, pero si te puedo decir muchas cosas de mi equipo.
El cadismo no es una ciencia, no es una religión como muchos dicen, tampoco una droga, ni siquiera es un estado de ánimo como dirían los más poetas. Te pregunto yo: ¿Qué es para ti el cadismo? Cierra los ojos y dime ¿qué sientes cuando escuchas esta música y piensas en aquél desplazamiento que tanto te gustó?
Quizás se te pongan los vellos de punta, o quizás no. Quizás estés desolado y te importe poco el Cádiz, pero tanto tú como yo, sabemos que es mentira.
Hoy estamos todos nerviosos, con ansia de que llegue el Sábado, vestirnos de amarillo, pasear bajo el Sol hacia el estadio, esperar que ruede el balón y con el morbo de mezclar el sonido de miles de gargantas con la de una sola, la de la radio, mezclar esos dos sonidos: “calla calla, ¿qué pasa?” mientras en el fondo la banda sonora sigue y sigue sonando: “este años vamos a salir campeón”
Será una tarde de llantos, muchos llantos, llantos e ilusión. Ilusión porque nuestro equipo se salve. Consiga la salvación. “Qué sí que podemos” se escuchará en cualquier grada mientras las jugadas siguen, siguen y siguen sin cesar.
Empezaremos en puestos de descenso, eso lo sé muy bien, pero ¿sabes qué? No me da miedo. Estoy convencido de que nuestros jugadores van a dejarse el alma, correrán como nunca lo han hecho en toda su vida, porque en este partido no dudo de su profesionalidad. Tocará depender de los demás y aquí es dónde más confío, amigo mío. Confío en que la vida, Dios, el fútbol quién quiera que sea, no puede ser tan injusto y tan cruel con mis amigos y mi afición. Son muchos mazazos seguidos para tan sólo ser un deporte. Pero esto es Cádiz, y así sentimos las cosas que queremos. Somos sentimentales, gente muy pasional, cálida y llorona. Y eso, todos lo saben, que la pasta del cadista está hecha de otro material. No permitiré que cuando salga del estadio, la Avenida sea un mar de lágrimas, no quiero ver como esas lágrimas cruzan las Puertas de Tierra, que ni siquiera un ilustre francés consiguió traspasar.
Desde mi humilde rincón de la grada de Fondo Norte, estaré animando al equipo, apoyando a mis jugadores para que entre todos olvidemos esta maldita temporada y luego brindaré al Cielo y a mis compañeros de grada todo este sufrimiento.
Así que compañero, aprovecha estas últimas horas que te quedan antes de entrar al estadio y sé fuerte. Piensa que entre todos nos cogeremos de las manos y nuestras gargantas volverán a sonar. Tendremos que animar como nunca lo hicimos, sin miedo, sin dudas, con mucha casta y honor, porque esta vez nos la jugamos en casa.
No lo olvides: CIEN AÑOS.
Ni más ni menos. Esa es la edad que nuestra historia ha querido que cumplamos allá por Septiembre. ¿Y de verdad la gente piensa que mi afición, mis jugadores y mi gente vamos a dejar que este viejo se muera? Pues no. Estáis muy equivocados. Vamos a luchar entre todos y lo vamos a salvar. Soplaremos todos esas velas con miles de legañas en los ojos pero en Segunda División.
Mi Cádiz no se merece menos, al contrario, merece mucho más. Así que, esta vez, dejemos la tristeza, no seamos pesimistas y entremos todos juntos a confiar, animar, disfrutar y GANAR.
Grita conmigo:
NOS VAMOS A SALVAR!!!