Freud decía que a lo largo de la historia, hubo tres grandes humillaciones. El descubrimiento de Galileo de que no somos el centro del Universo; el descubrimiento de Darwin de que no somos la corona de la creación; y su propio descubrimiento: el de que no controlamos nuestra propia mente.
Y su mente, la de Griñán, durante un momento, se escapó a la hipocresía social y al protocolo parlamentario. Todo lo que se intente arreglar ahora, es estropear aún más la cosa.
Por una vez, y sin que sirva de precedente, un político ha dicho aquello que de verdad siente.